Una Esperanza Viva

Clasificación: 

“Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una es-peranza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muer-tos” (1 Pedro 1:3).

En el corazón del cristiano hay una diferencia entre la fe y la esperanza. La fe es creer sin dudar. La esperanza es la evidencia de esta fe. La fe no requiere una señal para creer. La esperanza pide señal como fundamento en que edificar. La fe cree firmemente en lo eternal. La esperanza cree en lo eternal por la experiencia del nuevo nacimiento. La fe y la esperanza se juntan para producir el fruto de vida eternal.

La esperanza viva produce obras, porque no puede ser inactiva. Se expresa en varias maneras. Hay una gran dife-rencia entre un deseo, y una esperanza. Cualquier persona puede desear una cosa, aunque no tenga ninguna base para su deseo. La esperanza de algunas personas es solamente un deseo. La esperanza de un cristiano renacido es más que un deseo; es recibir una herencia. La solidez de su esperanza se basa en la resurrección segura del Señor. Esta esperanza se aviva por una experiencia personal del nuevo nacimiento.

Esta esperanza afirma la seguridad de la salvación, a la vez cree que la salvación puede ser perdida por vivir des-cuidadamente, o por el pecado voluntario. Sin embargo, la esperanza promete la posibilidad de ser salvo en todo mo-mento. El creyente fiel no teme que su salvación le será qui-tada sin su consentimiento; que sea salvo un momento, y en otro perdido. De igual manera que fue una decisión deter-minada aceptar a Jesús para la salvación, también será una decisión abandonarlo, y ser perdido.

La esperanza del creyente en el Señor resucitado, se re-afirma por su experiencia personal de resucitar de la muerte del pecado. Por la gracia de Dios, será guardado por fe a la salvación. Su esperanza aumenta cuando el creyente testifica de Dios. Su conciencia está despierta y da aliento a su espe-ranza. La esperanza se mantiene viva al recordar el día de nuestra iluminación. (Hebreos 10:32). Esta esperanza se mantiene avivada por una devoción diaria en la lectura de la Biblia, la oración, la asistencia en los cultos y participando en platicas tocante a la palabra de Dios. La obediencia al Espí-ritu Santo aviva la esperanza más que cualquier otra cosa. Una esperanza viva no tiene temor, sino gozo. Esta esperanza se basa en la resurrección de Jesús, y no en nuestros propios hechos tan débiles. Recordamos las palabras del Apóstol Pa-blo cuando escribió: “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nues-tro” (Romanos 8:37-39).