La Palabra Inspirada

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Es la creencia de todos los que profesan ser cristianos que la Biblia es veraz y fiable, y por todo habla con divina autoridad: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2 Timoteo 3:16).

Dios eligió revelar la verdad al hombre para su guía y salvación. Tomó las medidas para asegurar una historia veraz de esa revelación. Siendo todopoderoso, Dios hubiera podido repetir y renovar lo que había revelado con una nueva revelación para cada generación siguiente. Eligió mejor dar una sola revelación y asegurar su registro infalible por instrumentos humanos.

Al leer la Biblia, es claro que los escritores estaban sujetados a diferentes tipos de inspiraciones. Moisés no necesitaba una inspiración divina cuando le tocó registrar los eventos en los cuales había participado. Tampoco Lucas necesitaba una revelación divina cuando escribió de las cosas que había visto y experimentado mientras estaba con Pablo. Lo que necesitaron era una revelación divina para poder ordenar los eventos, para preservar la coherencia de las escrituras. Tal vez el problema más grande era de seleccionar. Juan dice que el mundo entero no podría contener los libros, si un esfuerzo hubiera sido hecho para registrar todo lo que Jesús dijo e hizo. Los escritores de los evangelios necesitaban ser inspirados divinamente para saber qué no escribir y todavía proveer un relato tan completo y satisfactorio.

Las sugerencias inspiradas son muy evidentes en la Biblia. De otra forma, ¿cómo habría podido Moisés saber lo que Faraón sentía cuando supo que los israelitas se habían escapado? O ¿cómo podía Mateo escribir los pensamientos de esa cierta mujer que pensaba en sí, “Si tocare solamente su manto, seré salva”? Vea Mateo 9:22. Estos pasajes contienen el registro de una divina sugerencia y comunicación.

En el antiguo testamento hay muchas frases como, “Así ha dicho Jehová” y “Dijo Dios”. No cabe duda de que tales pasajes son el resultado de la inspiración. El nuevo testamento refiere al antiguo testamento vez tras vez como “la Escritura”, y siempre con referencia a la inspiración. Creyendo esto, Pablo dice: “Toda la Escritura es inspirada por Dios” (2 Timoteo 3:16). Pedro dice: “Los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:21).

Jesús también confirma la autoridad e inspiración del antiguo testamento. Al diablo dijo: “Escrito está”, refiriendo al libro de Deuteronomio. En otro tiempo, hablando con relación al matrimonio y divorcio, dijo: “¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo?” (Marcos 10:6). Tenía mucho cuidado que las escrituras fueran cumplidas. ¿Por qué? Porque las consideraba como la Palabra de Dios. Habían tres cosas de las cuales los judíos fueron muy celosos; el templo, el sábado y las escrituras. Le acusaron a Jesús de declaraciones ilícitas con respeto al templo y el sábado, mas ni una vez tocante a las escrituras.

En el nuevo testamento hay sólo un libro que afirma ser divinamente inspirada; el último. Sin duda, los evangelios son historias dadas bajo la dirección divina. Tal en el nuevo testamento como en el antiguo testamento, Dios tenía cuidado de registrar con exactitud la fundación de la iglesia cristiana. Al pasar los años, uno por uno los primeros discípulos de Jesús pasaron a su galardón y la palabra escrita llegó a tener mucho valor. Estos hombres habían escuchado la enseñanza de Jesús y eran éstos a quienes Jesús dijo: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14:26). Pablo predicó: “Lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu” (1 Corintios 2:13).

La verdad trágica no es que las escrituras están rechazadas con el pretexto de que no son inspiradas, sino que el antiguo testamento se considera como sólo un libro de historia anticuada, y mucho del nuevo testamento es considerado como innecesario.

Si algunas palabras en la Biblia ya no fueran necesarias, el justo Dios seguramente hubiera autorizado al hombre con divina inspiración quitar tales palabras. Cuando el hombre empieza a descontar, con la inspiración de su mente carnal, no se detiene hasta que haya desechado la enseñanza de Cristo sobre el negarse de sí mismo, la exhortación de Cristo “que guarden mis palabras” y la mayor parte de las epístolas como imposible e impracticable, guardando para sí sólo Juan 3:16.

“Para siempre, oh Jehová, permanece tu palabra en los cielos” (Salmo 119:89). No dice que la palabra de Dios permanece en las opiniones de los hombres, sino en el cielo. Si el hombre sólo quiere una religión, escoge practicar la parte de la Biblia que no le requiere llevar la cruz y que mejor le permite seguir sus propios placeres. Si sólo quiere pertenecer a una iglesia como una organización, tiene un campo amplio de que escoger. Pero si un hombre prefiere vivir las enseñanzas de la Biblia como Dios quiere que haga, desea buscar una iglesia que vive y funciona por el modelo de la Escritura.

Traducido de: Selected Editorials, usado con permiso