La mente espiritual

Clasificación: 

“Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocu-parse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden” (Romanos 8:6-7).

El hombre siendo hecho a la imagen de Dios tiene la ca-pacidad de pensar como Dios piensa. Así como Dios divide entre el bien y el mal el hombre también es capaz de dividir entre lo bueno y lo malo.

El hombre está formado de carne y de espíritu. Su cuer-po requiere nutrición, calor, descanso y cuidado de su salud y bienestar en general. Mientras el cuerpo recibe en medida moderada estos requerimientos, es más probable que per-manezca sano y activo. Cuando al cuerpo se le priva de algu-nos de estos elementos esenciales se debilita y se enferma. De otra manera, cuando al cuerpo se le pide que acepte más de lo que correctamente debe consumir, o cuando se le pide que reciba elementos no saludables, tales como drogas o so-brecarga de trabajo, pronto pierde su formalidad. En su me-jor estado el cuerpo es de existencia temporal. Pronto enve-jece y se esfuma.

El Espíritu es tan real como el cuerpo. Sin espíritu el cuerpo tendría poca o ninguna motivación. El espíritu tiene que ver con las pasiones de amor, ira, compasión, odio y de-voción. Más que todo, el espíritu del hombre tiene un fuerte deseo de tener comunión con Dios en cuya imagen ha sido creado. Tiene un deseo intenso de retornar a su Creador.

Ambos, el cuerpo y el espíritu han sido puestos bajo la jurisdicción de la mente del hombre. La mente del hombre tiene libre albedrío. Es con esta mente libre que él hace to-das sus decisiones. Entonces el hombre se encuentra en una batalla. ¿Satisfará los ambiciosos deseos carnales y tempo-rales del cuerpo, o los deseos profundos del espíritu? El uno es ser de mente carnal y la otra de mente espiritual.

Las avenidas de pensamientos en la mente carnal son muchas. La mente tiene su propia naturaleza. La mente carnal encuentra satisfacción en lo inmediato. Las metas que puede alcanzar de momento son las que le atraen. Se ali-menta de aquello que satisface su ambición propia y pro-mueve su orgullo. La mente carnal tiene sueños de tener talentos y poder. Busca prestigio y honor. La apariencia del cuerpo y su personalidad le son de gran importancia. Le po-ne mucho cuidado a su atavío y en ser aceptado por sus se-mejantes. La mente carnal solamente incluye a Dios con el fin de aumentar la prosperidad de sus empresas. En el sen-tido más vil la mente carnal se hunde en fantasías sensuales. Todo esto y mucho más es la naturaleza de la mente carnal. Es también la naturaleza de la muerte.

La mente espiritual mira a Dios y no mira a sí mismo. Anhela tener comunión con su Creador. Responderá a la di-rección del Espíritu Santo. Pronto disipará la vanidad. La mente espiritual se deleita en la devoción y oración. La mente espiritual no pone su seguridad en los logros terre-nales sino que su esperanza se basa en las misericordias de Dios. No enfatiza las obras como medio de alcanzar a Dios, sino que las obras son el resultado de una mente espiritual. La mente espiritual tendrá amor, gozo, paz, paciencia, be-nignidad, bondad y fe.