La Libertad

Clasificación: 

“Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis ver-daderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:31-32). “Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:36).

Un discípulo de Cristo es él que vive en su palabra. No se puede separar el discipulado de la palabra de Cristo. Vivir en su palabra quiere decir vivir en sus mandamientos. El discípulo de Cristo obedece, enseña sus doctrinas y perseve-ra en su palabra.

Ser cautivo del pecado es la más severa esclavitud. Mientras el hombre se deleita en los placeres del pecado, es esclavo del pecado. No es posible persistir en pecado y a la vez ser libre. Todo pecado es exceso, y todo exceso es pecado. Hay algunas cosas que son buenas y legales en sus límites apropiados. Sin embargo, fuera de estos límites, lo legal se convierte en pecado. Cuando lo legal se convierte en un pla-cer, el placer llega a ser el amo, y se pierde la libertad. Es absolutamente imposible controlar el pecado por la fuerza humana, porque el pecado siempre debilita el poder moral de la persona. Hay dos cosas que pasan cuando uno permite el exceso. Una es que la habilidad de dominar el pecado se corroe. La otra es que la conciencia se arruina. En las dos se pierde la libertad.

La verdad es un gran libertador. Esto es muy cierto en muchos aspectos de la vida, en lo literal y físico. Lo descono-cido trae temor a la mente, pero conocer la verdad de la con-dición y sus contornos ayuda a hacer decisiones correctas. Un paciente, aunque tenga una enfermedad grave, casi siempre se tranquiliza al conocer la verdad de su condición. En cualquier crisis, lo mejor es saber la verdad de la situa-ción. Entonces se hacen oraciones eficaces y se buscan con-sejos. A la luz de la verdad se aplica el mejor tratamiento.

Si estas cosas son ciertas en lo físico, también son ciertas en el reino espiritual. Nadie puede resolver sus problemas espirituales sin conocer la verdad. Somos inclinados a hacer los problemas espirituales tan complicados que al fin no po-demos encontrarles solución. Estas complicaciones a veces ocultan la verdad. No es el propósito de Dios que la vida cris-tiana sea una vida de dificultades. De vez en cuando se en-cuentran factores desconocidos, pero la respuesta siempre se encuentra en Cristo y en su Palabra.

El plan de salvación contiene verdades muy sencillas. Una verdad es que toda la gente está salva o perdida. Otra verdad es que toda la gente puede ser salva. Otra verdad es que toda la gente que ha sido salva, se ha salvado de la mis-ma manera. Dios no tiene diferentes planes para salvar a la gente. Otra verdad es que no toda la gente salva necesaria-mente se siente tan salva, ni toda la gente perdida se siente tan perdida. La verdad es que la salvación no es un asunto de emoción, sino que es uno de fe. Otra verdad es que por el puro hecho de arrepentirnos no entramos en el reino de Dios, sino que el arrepentimiento trae los pecados a la cruz. Otra es que comprometernos a la obediencia y al ser­vicio nos mantiene al pie de la cruz donde la sangre expiatoria de Cristo asegura la salvación.

“Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32).