HACERNOS TESOROS EN EL CIELO

Clasificación: 

“¡Oh, qué riquezas ofrece Jesús! Nadie las puede contar; Gracia sin límite, vida y paz; Cosas preciosas sin par” (Himnario cristiano, numero 18).

Jesús habló en el Sermón del Monte de la oportunidad única de hacernos tesoros en el cielo. Estas inversiones celestiales prometen rendimientos eternos. Las recesiones, las caídas de la Bolsa y los trastornos políticos no pueden mermar su valor. Están fuera de peligro de cualquier corrupción o fraude terrenal.

En el mismo pasaje, Jesús advierte del peligro de hacer tesoros en la Tierra. Hay algo inherente en el hombre que desde nacer hasta morir busca en qué basar su seguridad. Mucha gente basa su seguridad en la riqueza. Otros procuran encontrarla en sus buenas obras, reputación o bienes. Jesús dijo que dondequiera que uno encuentra su tesoro, su corazón lo seguiría.

Una de las definiciones del diccionario para el materialismo es: “Doctrina según la cual la única realidad es la material”. Otra definición es: “Doctrina filosófica que consiste en admitir como única sustancia la material, negando la espiritualidad y la inmortalidad del alma humana”. Aún otro es: “Tendencia a dar importancia primordial a los intereses materiales”. Aunque estas definiciones incluyen intereses financieras, abarcan mucho más. La comodidad y el placer están sumamente estimados en nuestra sociedad. Una preocupación con los deportes, una vida de lujo, las vacaciones costosas y la última tecnología están incluidas. Todo esto se relaciona a unas prioridades equivocadas en donde el primer amor de uno estaría puesto en los valores del mundo en vez de en los tesoros del cielo.

¿Cómo se hace tesoros en el cielo? Afortunadamente, la adquisición de tesoros celestiales no se limita por la edad, rango, riqueza o posición social. La Biblia contiene varias narraciones que son ejemplares para nosotros.

En los bienaventurados, Jesús habló de los que soportaban con paciencia la persecución por causa de la justicia, y dijo: “Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos” (Mateo 5:12). El letrista del himno mencionado antes hace la pregunta: “¿Quién no dispuesto está para sufrir y cargar una cruz? ¡Tanto él alcanzará!”.

Otro ejemplo notorio es del joven rico que llegó con Jesús preguntándole de lo requerido para tener la vida eterna. Jesús le dijo que era necesario guardar los mandamientos. El joven respondió que lo había hecho desde su juventud. La respuesta de Jesús tocó el punto clave del asunto. “Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo” (Mateo 19:21). Oyendo estas palabras, el joven se fue triste porque tenía muchas posesiones. Entonces Jesús dijo a sus discípulos: “De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos” (Mateo 19:23). Los discípulos se asombraron y se preguntaron quién entonces pudiera ser salvo. La respuesta de Jesús era: “Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible” (Mateo 19:26). Sin la gracia favorable, estamos perdidos sin esperanza. Aunque el dinero supuestamente era el tesoro del joven, ¿podemos concluir que cualquier tesoro que no está incluido en nuestra entrega a Dios podría prevenir nuestra entrada al cielo? Una voluntad entregada abre la puerta para hacer tesoros en el cielo.

La viuda que ofrendó las dos monedas es otro ejemplo de alguien que hizo tesoros en el cielo. Sin duda, ella entendió que su ofrenda no valía mucho, pero Jesús vio que ella daba del corazón. Su observación era: “De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca; porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento (Marcos 12:43-44).  Jesús usó su ofrenda para mostrar que un poco vale mucho cuando Dios está en ello y que el dar desinteresadamente es otra manera de hacer tesoros en el cielo.

La historia de Moisés está relatada en Hebreos 11:24-27: “Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón. Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible (Hebreos 11:25-27). Aunque su decisión incluyó el sufrir la aflicción y oprobio de Cristo, Moisés podía tomar la vista larga y ver la recompensa que espera a los fieles.

En aquel gran día cuando el Señor volverá, el dólar va a sufrir la más gran devaluación tal como el mundo jamás ha visto. Su valor será cero. De hecho, para los que han puesto su confianza (o tesoro) en las riquezas inseguras, puede llegar a ser una tremenda decepción. A la inversa, los que han sido mayordomos fieles de lo que ha sido confiado en su cuidado, incluso su tiempo, talentos y dinero, hallarán que Dios recompensará sus esfuerzos con una gran recompensa al final.

 

Del Messenger of Truth