El Inmutable

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“Y: Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra, Y los cielos son obra de tus manos. Ellos perecerán, mas tú per-maneces; Y todos ellos se envejecerán como una vestidura, Y como un vestido los envolverás, y serán mudados; Pero tú eres el mismo, Y tus años no acabarán” (Hebreos 1:10-12). “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos 13:8).

Hay mucho acerca de esta vida que siempre está cam-biando. Algunas cosas cambian tan lentamente que apenas nos damos cuenta, mientras otras cambian rápidamente. Algunos cambios son bien recibidos mientras que otros no lo son. Muchos llegan inesperadamente y otros llegan con nuestro consentimiento. Hay cambios que afectan a todos y otros que solamente afectan a unos cuantos. Hay cambios universales que no afectan a ninguno.

Ha habido eventos históricos que cambiaron el rumbo del mundo. La Biblia contiene la historia del gran diluvio que trajo cambios de suma importancia, como también pasó en la torre de Babel. Estos eventos cambiaron el curso del mundo. Estos cambios establecieron nuevas culturas, nuevos límites y nuevas civilizaciones. Se formaron nuevos reinos y gobier-nos. Monarquías se levantaron y luego decayeron. Liberta-des se ganaron y se perdieron. Democracias brotaron y han ejercitado gran influencia sobre el pueblo.

En el transcurso de la historia ha habido cambios reli-giosos muy importantes. El más importante de todos fue cuando el Antiguo Testamento fue cambiado al Nuevo Tes-tamento. La religión exclusiva de los judíos cambió a una fe que incluía la gente de todas las naciones en todas las eras. Este cambio tomó lugar en el Calvario. Este cambio significó que todos los pueblos ­tienen el mismo derecho a la gracia de Dios.

Hay mucha gente perpleja por los cambios de hoy. Los cambios tecnológicos son difíciles para comprender y a veces es difícil adaptarnos a ellos. Algunos de los cambios que la edad y el paso del tiempo nos traen son muy difíciles de aceptar. Para los ancianos es difícil aceptar que con el paso de los años pierden su vigor y su lugar en la sociedad. La ve-jez trae cambios inmutables a nuestra vida. Una actitud pa-cífica acepta estos cambios.

A pesar de tantos cambios, nos consuela el pensamiento que el Señor Jesucristo no cambia. No existe nada en el ca-rácter del Señor que cambia. La disposición de su justicia, su gracia, su verdad, su poder, su compasión y su juicio nunca cambia. El Señor nunca negará su Palabra. Siempre será ve-raz.

Aunque vemos cambios en la creación, esto no quiere decir que el Creador está cambiando. Ningún cambio natural o cultural acontece sin el permiso del Señor. El amor y la compasión del Señor jamás disminuyen. La salvación se ofrece a todo hombre. El perdón y la paz que Él da siguen seguros. Algún día Dios envolverá el universo como una ves-tidura. Su juicio y galardón se verán con la seguridad que Él prometió.