El Destino

Clasificación: 

“Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y mu-chos son los que entran por ella; porque estrecha es la puer-ta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (Mateo 7:13-14).

En la concepción de una vida, se concibe también un destino. No puede haber vida sin que haya un destino en el horizonte. Durante la vida de uno hay destinos temporales, sin embargo, el destino eternal se alcanza después de ter-minar la jornada de esta vida.

El último destino se alcanza en el final de la jornada. Una jornada que se empieza tiene su fin aunque no se planee. El viaje de vida para algunos es corto, mas para otros es más largo. Lo largo del viaje no determina cual será el destino, antes es la actitud del viajero que indica su destino.

Al empezar una vida, la eternidad para la misma vida también empieza; mas por el momento la eternidad se sujeta al tiempo. El tiempo es un plazo medido. Así que la vida también es medida, como con un medidor invisible. Cuando se termina la vida el medidor para, mas la eternidad sigue. La vida es medida con años, días y momentos. Este medidor dejará de funcionar en un momento que nadie sabe.

En esta vida el tiempo tiene valor. Uno pone metas y ta-reas para realizarlos dentro de cierto plazo de tiempo. Todo esto causa que haya muchas actividades de paso rápido en la vida. La vida resulta peligrosa y a veces en tensión emocio-nal.

Ahora bien, por tal desenfreno en la vida, muchos no ponen atención a su último destino. En el destino final de la eternidad, no habrá plazo de tiempo. Un día puede ser como mil años y mil años pueden parecer como un día. En la vida, el tiempo y la eternidad van juntos. Así es que las activida-des de esta vida afectan ambos, el tiempo y la eternidad. La muerte muchas veces borra los errores de la vida, pero la eternidad siempre recuerda y retribuye lo pasado, a menos que la sangre de Cristo lo haya limpiado. Cuando llega la muerte, el tiempo termina, mas la eternidad sigue su reino incesable y seguro. En la eternidad no habrá citas ni más destinos. No se harán planes para el futuro, ni ninguna his-toria, porque no existirá almanaque.

En la vida, tarde o temprano, uno llega a una parte donde el camino de la vida se divide en dos. En este entron-que hay anuncios para cada uno. Un anuncio cuenta de un camino angosto e inclinado, difícil de viajar. A la vez promete una terminación bella y gozosa, donde se espera una reunión gozosa. Al final de este camino no habrá desilusión, y el ga-lardón será inexplicable. El otro anuncio habla de un camino ancho y plano, fácil de viajar, donde hay mucha diversión. No estorba al viajero con advertencias del fin, ni indica nada de la tormenta y destrucción que le espera.

Los anuncios en el camino indican verdaderamente con advertencias claras cual será su fin. Uno no tiene porqué ser engañado y viajar por un camino no deseado. Las opciones están al alcance de cada uno. No puede uno ser neutral. Cada camino tiene su destino, un destino eternal. Cuando se al-canza el destino, es irrevocable. ¡Escoge hoy tu destino!