El Buen Pastor

Clasificación: 

“Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas. Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa” (Juan 10:11-12).

El buen Pastor mejor prefiere morir y no que muera una de sus ovejas. En ese respeto es muy distinto al asalariado. El asalariado se preocupa más por su propia prosperidad que por el bienestar de las ovejas. Jesucristo, el gran y buen Pastor, sabe el nombre de cada oveja suya y le conoce a cada una personalmente. Se goza en guiar a sus ovejas a los pastos delicados. Las lleva a las aguas refrescantes y a la sombra tranquila. Él cuida de su salud y bienestar. Las trae al refu-gio del redil y las vigila. El buen Pastor aun tiene la voluntad de dar su vida por ellas cuando están en peligro. No huye jamás del lobo o del ladrón.

Cristo, el buen Pastor, es la puerta del redil. Por la puer-ta las ovejas entran y salen. Cristo es la única entrada al re-dil. Algunos han procurado entrar de otra manera, pero no han podido. El asalariado cree que ser pastor es una posición de preeminencia, y por eso no está comprometido a sufrir por las ovejas.

La gran responsabilidad de traer su pueblo a su redil fue puesta en Jesús. Temprano en su ministerio Él encargó a sus discípulos que no fueran a los gentiles y samaritanos, sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. “Sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mateo 10:6). A éstos Él deseaba traer a su redil. Lamentablemente, no muchos de Israel entraron. “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nom-bre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:11-12). Había numerosos judíos que entraron en el redil, pero Cristo contemplaba a otros que podía e iba a traer a su redil. Él vio a muchos en el mundo gentil que le iban a reci-bir, y así entrar en el redil. “También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor” (Juan 10:16).

Jesús, el gran y maravilloso Pastor, puede juntar en el redil a los muchos. Se requiere el amor, la armonía y gracia para que vivan juntos los pueblos de las naciones en un solo redil. Esto se puede realizar por medio de una confianza mutua en el Pastor. Las ovejas se unen en una confraterni-dad de amor y confianza cuando se dan cuenta que todos han pasado por la misma puerta, y que todas reciben el mismo cuidado y protección del buen Pastor. Ninguno va a pensar que el Pastor le prefiere más que a otro. Ninguno será to-mado ni por mayor, ni por menor.

El buen Pastor proveerá alimento, agua y descanso a sus ovejas. Les dará amor, seguridad y fraternidad. Restaurará, fortalecerá y sanará. Dará esperanza, paz y gozo. Sobre todo les promete un lugar en el redil eterno del cielo.