Discipulado Leal

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¡Imagínese una vida sin lealtad!

Un hogar donde se ha desaparecido la lealtad, donde ha sido roto el vínculo del respeto, amor y fidelidad, sea entre el matrimonio o entre los padres y los niños, no es un hogar sino una angustia.

Un negocio donde los trabajadores han perdido la lealtad hacia sus empleadores y trabajo, anda cerca de un fracaso. Naciones han subido y caído por el hilo delgadito de la lealtad. Guerras han sido ganadas y perdidas por la lealtad, o falta de ella, de los soldados hacia sus comandantes y su patria.

El cristiano también ha prometido ser leal a su gobierno- el Gobierno Divino.

Dios nos da la salvación gratuitamente, aunque le costó tanto. Sin embargo, el manifestarla en la vida diaria es preciso. Dios salva a un hombre, le da la dádiva del Espíritu Santo y la eficacia de la Palabra, y le dice, “Ocúpese en tu salvación. Sé leal a Mí aunque todo en tu derredor te lleve a la deslealtad”.

]La lealtad significa confiar completamente en la voluntad de Dios para nosotros. Tiene poco que ver con los momentos luminosos de nuestras experiencias más sublimes. Significa poner por obra, en las sendas ordinarias de la vida diaria, la luz que hemos recibido. El ser leal y entregar nuestra vida al Señor diariamente es más difícil que morir.

Entonces, venga lo que venga, un cristiano fiel ha de ser leal a su amo. Tenemos que recordar que el honor de Dios está en juego en nuestras vidas diarias.

Traducido de: Guidelines to Christian Living, Lesson 19, p.52