Inspiradores

El redentor nuestro

“El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor” (Lucas 4:18-19).

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La mente espiritual

“Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocu-parse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden” (Romanos 8:6-7).

El hombre siendo hecho a la imagen de Dios tiene la ca-pacidad de pensar como Dios piensa. Así como Dios divide entre el bien y el mal el hombre también es capaz de dividir entre lo bueno y lo malo.

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El andar con Dios

“Y fueron todos los días de Enoc trescientos sesenta y cinco años. Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, por-que le llevó Dios” (Génesis 5:23-24). “El que dice que perma-nece en él, debe andar como él anduvo” (1 Juan 2:6). “Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios” (Miqueas 6:8).

Solamente los humildes tendrán el privilegio de caminar con Dios. Dios no anda en el camino de los soberbios. Para andar con Él, Dios requiere un corazón justo y perdonador, junto con la humildad.

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La gracia

“Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salva-ción a todos los hombres” (Tito 2:11). “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun es-tando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)” (Efesios 2:4-5). “No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo” (Gálatas 2:21).

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La Libertad

“Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis ver-daderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:31-32). “Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:36).

Un discípulo de Cristo es él que vive en su palabra. No se puede separar el discipulado de la palabra de Cristo. Vivir en su palabra quiere decir vivir en sus mandamientos. El discípulo de Cristo obedece, enseña sus doctrinas y perseve-ra en su palabra.

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El Destino

“Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y mu-chos son los que entran por ella; porque estrecha es la puer-ta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (Mateo 7:13-14).

En la concepción de una vida, se concibe también un destino. No puede haber vida sin que haya un destino en el horizonte. Durante la vida de uno hay destinos temporales, sin embargo, el destino eternal se alcanza después de ter-minar la jornada de esta vida.

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El Buen Pastor

“Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas. Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa” (Juan 10:11-12).

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El Gozo

“Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Pa-dre, y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cum-plido” (Juan 15:10-11).

Gozo es la presencia íntima de bienestar. Tiene las cua-lidades de contentamiento, satisfacción y paz. Gozo es más que un sentimiento o emoción. Es la verdadera actitud de alegría y contentamiento en el espíritu de uno.

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