Literatura Evangelica

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Capítulos de oro

La Biblia es un libro precioso que satisface la necesidad de cada alma. Sus mensajes son una fuente de alimentación espiritual. Hay capítulos que son exactamente apropiados para cualquier necesidad o pregunta personal.

Dios expresa su mensaje al hombre en distintas maneras por diferentes capítulos de la Biblia. Se encuentra mucho conocimiento de Dios y la historia de su pueblo en Génesis y otros libros del antiguo testamento. Los Salmos y muchos capítulos del nuevo testamento son una fuente de verdadera inspiración espiritual. Muchas de las enseñanzas de Jesús, por ejemplo Mateo 5, 6 y 7, así como los escritos de los apóstoles, nos dan dirección para la vida cotidiana. Todo esto compagina para darnos un entendimiento de Dios, su voluntad para nosotros y sus promesas.

Dios ha tocado el corazón de muchos lectores mientras disfrutaban de estos recursos benditos. Animémonos a leer estos capítulos. No sólo para sentirnos mejor por haberlo hecho, sino que el mensaje de Dios nos toque íntimamente.

LO QUE LA BIBLIA DICE TOCANTE A:

Dios
Nacimiento de Jesús Lucas 2
La creación del mundo Génesis 1
Liberación Salmo 18
La grandeza de Dios Isaías 40
La santidad de Dios Salmo 99
El Buen Pastor Juan 10
El Espíritu Santo Juan 16
El salmo del Mesías Salmo 110
La creación natural Salmo 104
La redención Lucas 23
La tristeza Lucas 22
El sufrimiento Isaías 53
Tu Necesidad Espiritual
Las bienaventuranzas Mateo 5
El consuelo 2 Corintios 1
La perseverancia Hebreos 12
La hipocresía Mateo 23
El salmo del infiel Salmo 14
Las prisiones Hechos 23
El salmo de refugio Salmo 46
El salmo de seguridad Salmo 91
El salmo del Pastor Salmo 23
La tentación Santiago 1
La sabiduría Proverbios 3
La Salvación
La expiación Hebreos 9
El bautismo Marcos 1
La bendición Deuteronomio 28
El vencedor Lucas 4
Cornelio Hechos 10
El ánimo Josué 1
La crucifixión Juan 19
El pescador Lucas 5
El culpable Romanos 1
La invitación Isaías 55
Juan el Bautista Lucas 3
Perdido y encontrado Lucas 15
El nuevo nacimiento Juan 3
El Pentecostés Hechos 2
La oración Mateo 6
Saúl de Tarso Hechos 9
Hoy Hebreos 3
Quien quiera Apocalipsis 22
Gozo en el Señor
El permanecer Juan 15
El capítulo dorado Salmo 16
El crecimiento 2 Pedro 1
El salmo de alegría Salmo 98
El salmo de misericordia Salmo 136
La paz Juan 14
Capítulo de canto Lucas 1
Acciones de gracias Lucas 17
El viajero Salmo 121
Direcciones Prácticas Para La Vida
Abraham Génesis 15
La reforma de Asa 2 Crónicos 15
Obispos y diáconos 1 Timoteo 3
Carácter Job 29
El amor 1 Corintios 13
Salmo del cristiano Salmo 15
La confianza Salmo 27
La consagración Romanos 12
El divorcio Mateo 19
El empleado Colosenses 3
El patrón Colosenses 4
La fe Hebreos 11
La familia Efesios 5-6
La regla de oro Mateo 7
El mayor mandamiento Lucas 10
La humildad Lucas 18
El juicio Romanos 14
La ley de amor Romanos 13
Vida en el Espíritu Romanos 8
La preparación Mateo 25
La separación 2 Corintios 6
El sermón del monte Mateo 5-7
El soldado Efesios 6
Esteban Hechos 7
Los diez mandamientos Éxodo 20
El diezmo Malaquías 3
El guardia Ezequiel 33
La esposa Proverbios 31
El sabio Proverbios 15
Las obras Santiago 2
Testificando
La ascensión Hechos 1
La gran comisión Mateo 28
Juan y Pedro Hechos 4
El hombre cojo Hechos 3
Macedonia Hechos 16
Felipe Hechos 8
El sembrador Lucas 8
Cuando Se Cae
El descarriado Jeremías 3
Las excusas Lucas 14
La destemplanza Proverbios 23
Al que venciere Apocalipsis 2-3
Salmo del pródigo Salmo 51
Avivamiento 2 Reyes 23
La Vida Después De La Muerte
La brevedad Salmo 90
El cielo Apocalipsis 21
El juicio final Apocalipsis 20
Lázaro Juan 11
La resurrección 1 Tesalonicenses 4
La segunda venida 2 Pedro 3
Historias Bíblicas
Tiempos Primitivos
El huerto de Edén Génesis 2-3
Caín y Abel Génesis 4
El arca de Noé Génesis 6-8
La destrucción de Sodoma Génesis 18-19
Isaac en el altar Génesis22
José gobierna Génesis 37, 39, 47
Moisés, niño en una canasta Éxodo 2
Cruzando el Mar Rojo Éxodo 14
Israel, Una Nación
Los dos espías Josué 2
La caída de Jericó Josué 6
Ladrón entre los soldados Josué 7
Gedeón y su 300 Jueces 6-7
Sansón con cuerpo fuerte Jueces 13-16
Rut la espigadora Rut
El muchacho Samuel 1 Samuel 1-3
Jonatán, príncipe joven y valiente 1 Samuel 14
David mata al gigante 1 Samuel 17
Elías el profeta 1 Reyes 17 a 2 Reyes 2
Eliseo el profeta 1 Reyes 19; 2 Reyes 2-8
La doncella israelita 2 Reyes 5
“Jonás, id a Nínive" Jonás
La reina Ester Ester
Se encuentra el libro de la ley 2 Reyes 22
El horno ardiente Daniel 3
Daniel con los leones Daniel 6
La Vida De Cristo
El nacimiento de Jesús Mateo 2; Lucas 2
La tentación de Jesús Mateo 4
Jesús en una boda Juan 2
La mujer en el pozo de Jacobo Juan 4
Por el techo Marcos 2
Una niña resucitada Marcos 5
Alimentando los 5000 Juan 6
Jesús anda sobre el mar Mateo 14
Un ciego sanado Juan 9
El buen samaritano Lucas 10
Un joven fugitivo Lucas 15
El rico y Lázaro Lucas 16
Un muerto resucitado Juan 11
Los últimos días de Jesús Mateo 26-27
Resurrección de Jesús Juan 20
La Iglesia Primitiva
La muerte por una mentira Hechos 5
Saúl ve luz del cielo Hechos 9
Conversión de Cornelio Hechos 10
Como se abrió la puerta de la cárcel Hechos 12
Un himno abre las puertas de una cárcel Hechos 16
Pablo naufragado Hechos 27-28
La ciudad de Dios Apocalipsis 21-22

(adaptado de Lessons for Christian Workers, por C. H. Yatman)

Lee tu Biblia…

Porque contiene la mente de Dios, el estado del hombre, el camino de la salvación, la condenación de los pecadores y la felicidad de los creyentes. Sus doctrinas son santas, sus preceptos vinculantes, sus historias verdaderas y sus decisiones inmutables.

Léela para ser sabio, créela para estar seguro, y practícala para ser santo. Contiene luz para dirigirte, alimento para sostenerte y consuelo para animarte. Es la guía del viajero, la barra del pastor, el compás del piloto, la espada del soldado y la carta fundacional del cristiano.

En ella el paraíso está restaurado, el cielo está abierto y las puertas del Hades están expuestas. Su tema mayor es Cristo, su diseño es nuestro bien, y su fin es la gloria de Dios. Debe llenar la memoria, reinar en el corazón y guiar los pies.

Léela despacio, frecuentemente y con oración. Es una mina de riqueza, un paraíso de gloria y un río de placer. Te es dada en la vida, estará abierta en el juicio y se recordará para siempre. Se relaciona con nuestra mayor responsabilidad, recompensa la labor más grande y condena a todos los que juegan con su contenido santo.

Cuán sincero eres

“He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo” (Salmo 51:6).

La sinceridad es la virtud de decir la verdad en todo lo que relaciona con la vida. Por cierto, es un asunto del corazón. Es un principio fundamental del evangelio de Jesucristo. Dios conoce los pensamientos e intenciones del corazón. Él considera la verdad como uno de los principios más importante, porque es Dios de la verdad (Deuteronomio 32:4).

Seguramente bendecirá a los que de todo corazón son veraces.

¿Hablas la verdad cuando estás en peligro de ser descubierto, pero cuando nadie lo sepa, practicas el engaño?

¿Das a entender lo que no es la verdad?

¿Compras con crédito cuando en realidad sabes que no tienes con que pagar?

¿Le cuentas todo a Dios tal como es cuando oras?

¿De verdad haces todo lo que sabes que Dios quiere que hagas?

¿Eres sincero con respecto a las enseñanzas de la Biblia?

¿Eres quien aparentas ser?

Hay una historia muy impresionante en el Nuevo Testamento de un hombre, Ananías, y su esposa, Safira (Hechos 5:1-11). Vendieron su propiedad, al igual que muchos otros habían hecho, y pretendieron ofrendar la suma en total a la iglesia. Sin embargo, concordaron privadamente retener una parte para sí. Trajeron su ofrenda a los líderes de la iglesia, y les dijeron que habían vendido su propiedad por tal cantidad de dinero. Su mentira fue juzgada inmediatamente por Dios y castigada con la muerte. En esta historia de la iglesia primitiva, el uso de la mentira, o la hipocresía, fue severamente castigada. Dios no toma en poco tal mentira. Al igual que Ananías y Safira, podemos dar una impresión falsa aunque las palabras dichas no son falsas. Tenemos la propensión de olvidarnos de nuestra responsabilidad ante Dios. Él conoce nuestro corazón y espera la pura verdad.

Un hipócrita finge ser alguien que no es. Quizá afirma decir toda la verdad, pero no tiene cuidado en exagerar la verdad para su propia ganancia. Posiblemente hable de las necesidades de los desafortunados, pero no ofrece generosamente de su tiempo ni bienes cuando el desastre llega. Uno pretende preocuparse genuinamente por su vecino, pero chismea de él sin cuidado. Alguien se puede hacer pasar por una persona honrada, pero aún así estar listo para tomar el dinero de otro, siempre y cuando no se detecta. Incluso, puede tratar de convencerse que vive según morales más alto que algunos, siendo un falso. En cualquiera de estas circunstancias, sería un hipócrita y engañoso.

Dios siempre ha sido apenado por la hipocresía del hombre. Jesús dijo: “Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí” (Mateo 15:8). Concordar el corazón y los labios es el desafío que tenemos. Ser sincero en lo más íntimo del corazón es la llave que nos abre la puerta para hallar gracia y favor con Dios.

Un cristiano de verdad es un ejemplo de sinceridad. Él prospera espiritualmente a la misma medida que sea sincero delante de Dios. Debemos prestar importancia también a la sinceridad delante de nuestros prójimos. En el hablar y en el negociar tenemos que mantener la confianza el uno con el otro. Para realizar esto es necesario estar dispuesto a hacer cualquier sacrificio por causa de la verdad.

Podemos aprender del niño a quien su maestra preguntó: “¿Contarías una mentira por tres centavos?”

“No, señora,” respondió el niño.

“¿Por diez centavos?”

“No, señora”.

“¿Y por un peso, no contarías una mentira?”

Respondió: “No, señora”.

“¿Contarías una mentira por mil pesos?” le preguntó.

“Bueno”, dijo para sí. “¿Qué no podría yo hacer con mil pesos?”

Mientras tardaba en responder, otro joven detrás de él contestó: “No, señora”.

“¿Por qué no?” preguntó la maestra.

“Porque la mentira perdura. Cuando los mil pesos se han gastado, y las cosas buenas que se compraron se han acabado, todavía queda la MENTIRA”.

La verdad es tan importante que debemos tener la voluntad de sufrir por ella. Sería una pérdida grande sacrificar la integridad sólo para evitar la vergüenza. Dinero ganado por el engaño no recompensa la conciencia manchada y el juico eterno que Dios trae sobre tales pecados.

¿Dices tú que andas en la luz de Dios mientras haces iniquidades tales como...?

No perdonar a tu hermano.

No enmendar cuando ha defraudado a alguien.

Exagerar la verdad.

Romper una promesa.

Robar de Dios las ofrendas y diezmos.

La sinceridad es una comprobación de carácter. Dios conoce a nuestro corazón, y no hay cosa oculta para Él. Sin embargo, a veces tratamos de ocultar de Él el verdadero contenido del corazón. Quizás no presentemos al público nuestro ser verdadero. Nuestros motivos y actitudes deben ser sometidos a la prueba de la verdad. Al abrir nuestro corazón y vida a Dios, estas cuestiones pueden ser resueltas. La persona feliz es él que es sincero con Dios y consigo mismo.

¿Eres tu sincero? Dios lo requiere, el mundo lo espera y tú serás beneficiado. Es la única vida que vale. “Deseando conducirnos bien en todo” (Hebreos 13:18). “No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres” (Romanos 12:17). Lee también Levítico 19:35-36 y Proverbios 19:5.

El arrepentimiento – la puerta a la misericordia

Estimada Alma: ¿Sabe usted que has sido hallada culpable de pecado delante de un Dios Santo y que está sentenciada a la muerte? Si el humano pecaminoso quiere escapar a esta muerte eterna y ser salvo para la eternidad, tiene que recibir la misericordia de Dios. La misericordia en este respecto consiste en que Dios suspenda lo que merecemos. A pesar de que la salvación es gratuita, sin precio y que no puede ser ganado, Dios no da Su misericordia a personas sin condiciones. La condición sobre la cual Dios otorga la misericordia se contiene en una sola palabra: El arrepentimiento.

Juan Bautista vino predicando la Palabra de Dios y su mensaje era sencillo pero poderoso: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 3:2) Jesús, el Hijo de Dios, principió Su ministerio con el mismo mensaje: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4:17). El arrepentimiento es un requisito para recibir la salvación, como dijo el apóstol Pedro: “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados” (Hechos 3:19). El arrepentimiento es la puerta que tiene que ser abierta para que la misericordia sea extendida y la salvación sea dada.

En nuestro mundo hay multitudes de personas, mi amigo, y en muchas maneras somos diferentes el uno del otro. Sin embargo, hay un punto en que todos compartimos de igual manera, sin acepción ninguna. La Palabra de Dios lo indica claramente cuando dice: “por cuanto TODOS pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Además, “NO HAY JUSTO, NI AUN UNO” (Romanos 3:10). Dios habló por medio de Su profeta Isaías y dijo: “TODOS nosotros nos descarriamos como ovejas, CADA CUAL se apartó por su camino” (Isaías 53:6). ¿Se fijó usted en el punto principal de estas escrituras? “TODOS pecaron.” “NO HAY justo”. “TODOS nosotros nos descarriamos”. Estimado lector, no le incluye a usted también? Su alma y vida son de Dios. El hombre o la mujer, sea joven o anciano, que no reconoce a Dios como el amo de su vida está en desobediencia y pecado. “El alma que pecare, esa morirá” (Ezequiel 18:4).

Sus pecados le han separado de Dios. Usted siente un anhelo que no puede explicar. Tal vez se siente abandonado y que Dios no le oye. Dios señala la razón: “He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oir; pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oir” (Isaías 59:1,2). En otro lugar dice: “La paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23). Al pensar usted en su vida y en sus pecados, piense también en Dios. Dios es sin pecado y por eso es santo, recto y justo. Dios dice que el pecado tiene que ser juzgado: “Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubiert, a sea buena o sea mala” (Eclesiastés 12:14). Sí, pero hay esperanza para usted.

Aunque es cierto que Dios ha decretado un juicio de muerte sobre el pecador, El también es un Dios de amor. “Dios es amor” (1 Juan 4:16). Dios le ama a usted, amigo, aunque está viviendo en el pecado. Por su amor El ha hecho manera para salvarle (Juan 3:16). Dios, quien no puede mentir, llevará a cabo su juicio sobre el pecado. Si este juicio fuera aplicado al hombre, moriría de inmediato. Por eso, no queriendo que nadie perezca, Dios mandó a Su hijo Jesús para llevar el castigo de nuestros pecados. La Escritura dice: “Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios” (Romanos 11:22). La bondad de Dios desea salvar al ser humano, pero Su juicio demanda la sentencia.

Jesús vino a este mundo precisamente para redimir nuestras almas. El era santo, sin pecado, el Cordero de Dios sin mácula. El amor de Dios para con nosotros se mostró cuando El tomó nuestros pecados, la culpa y la sentencia de muerte, y los cargó en Jesús. ¡He aquí cuál bondad! Entonces Jesús, al cumplir con la voluntad de Su Padre, recibió la paga de nuestros pecados. Jesús ahora fue hecho pecado por nosotros y para satisfacer el juicio de Dios fue crucificado en la cruz. Por seis horas El aguantó el dolor y la agonia hasta que murió para pagar la deuda de nuestros pecados. ¡Mire la severidad de Dios!

Estimado lector, puede usted ver que como Jesús murió por usted, El también murió por CAUSA de sus pecados? ¿Quién, en verdad, crucificó a Jesús? Fueron responsables sólo los gobernantes judíos, Pilato o los soldados romanos? En el dia de Pentecostés Pedro predicó un sermón a algunos miles de personas. El mensaje llegó al punto: “A éste [Jesús], entregado por el determinado consejo y anticipado conocimento de Dios, prendisteis y matasteis por manos inicuos, crucificándole” (Hechos 2:23). Querida alma, ¡mire a Jesús, El que fue crucificado, y reconozca su culpa y su parte en la muerte de El!

El arrepentimiento verdadero principia en este punto, al contemplar en su corazón esta escena terrible. Por medio del Espíritu de Dios usted se dará cuenta de que usted debía de haber muerto en lugar de Jesús. ¡Pero Jesús tomó su lugar! Al darse cuenta de esto le acarreará tristeza y remordimiento por su pecado. El pensar que uno ha causado la muerte de otra persona es algo espantoso, especialmente cuando es el mero Hijo de Dios. Las almas que reciben esta visión se arrepienten y confiesan su pecado con lágrimas. Al contemplar que el juicio de Dios fue derramado sobre Jesús y sabiendo que nosotros somos los que merecemos la muerte, decimos con el publicano: “Dios, sé propicio a mí, pecador” (Lucas 18:13). Estos son los primeros frutos del arrepentimiento. El arrepentimiento efectúa un cambio completo. Dejamos los caminos anteriores y aceptamos los caminos de Dios. La persona que ha sido limpiada de su mala manera de vivir, la dejará para buscar cosas celestiales.

Esto, en breve, es la obra del arrepentimiento efectuada por Dios en el corazó de todos los que acuden a El. Si el ser humano no se arrepiente, nunca conocerá la paz, la felicidad ni la seguridad. Si no experimentamos en parte la pena y la agonía con Cristo en Getsemaní, nunca experimentamos con El el gozo de la resurrección.

Finalmente, el arrepentimiento resulta en una lealtad y apreciación profunda para Cristo y la voluntad de Dios. Esto incluye la Iglesia como se enseña en el Nuevo Testamento. Cuando estábamos condenados a la muerte con ninguna salida, Cristo dijo: “Venid a mí, . . . y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). “Nosotros le amamos, a él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19).

El cielo ¿tú futuro hogar?

¿Qué de tu futuro?

¿Quién puede pensar en el futuro sin considerar si hay otra existencia después de esta vida? El hombre no puede evitar los pensamientos de su estado después de la muerte, pero tiende a ponerlos fuera de su mente. Se dedica a las cosas de esta vida, poniendo los pensamientos de la muerte, el cielo y el infierno en el futuro lejano (Mateo 24:48, Eclesiastés 11:8). Sin embargo, la realidad es que uno tiene que elegir. El no hacer nada resulta en perderse eternamente.

Hay sólo dos destinos

Las glorias del cielo y los terrores del infierno nos convencen que el cielo tiene que ser nuestro destino eterno. Hay una decisión que tomar si vamos a realizar esta recompensa. Es seguro que ningún pecado entrará en el cielo. Habrá castigo eterno en el infierno para aquellos que no encuentran el perdón de sus pecados. “E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna” (Mateo 25:46).

El cielo; hogar para todos los redimidos

A los redimidos, los que han sido lavados en la sangre de Cristo, el cielo es un lugar especial (Apocalipsis 7:13-14). Es su hogar. El anhelo que tienen para el cielo es como el deseo del salmista en Salmo 63:1: “Mi alma tiene sed de ti... en tierra seca y árida”. A la mente carnal del mundano, el cielo parece un lugar muy lejano. A la persona nacida del Espíritu Santo de Dios, el cielo está cercano y real. Realiza un anticipo de su morada eterna.

Las virtudes ejemplificadas por Cristo, la verdad, humildad, pureza y amor, son preciosas para el hijo de Dios. En cuanto que el creyente recibe de Dios el amor del cielo, tiene cuidado de ser sincero y humilde. Su corazón anhela la plenitud y pureza de estas virtudes cristianas que gozará en el hogar celestial (2 Corintios 5:1).

El cielo; un lugar de luz

La vida en esta tierra tiene muchas sombras. A menudo nos encontramos con cosas que no entendemos. Tratamos de mirar hacia el futuro, pero no somos capaces de lograrlo. En esta vida muchas veces estamos decepcionados. Todo esto podría ser descrito como oscuridad.

El cielo es pura luz. Es donde mora Dios. “Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él” (1 Juan 1:5). En su luz hay comprensión perfecta. El conocimiento será completo. Todos los acontecimientos del pasado se entenderán claramente. En esta luz, habrá plena comunión entre el Padre y todos los que residen con Él.

El cielo se describe como “la herencia de los santos en luz” (Colosenses 1:12). Los atributos de la luz que figuran en las Escrituras son el conocimiento, santidad y alegría. Esta luz es sin interrupción, ¡para siempre! No habrá noche allí (Apocalipsis 21:25).
El cielo; lugar sin la amenaza ni el pecado

“No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira” (Apocalipsis 21:27). El desánimo, desilusión, tentación y pecado son parte de la vida terrenal. Ellos nunca entrarán en esa hermosa tierra.

En Apocalipsis 21:4 leemos: “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron”. Para el cristiano, el cielo es el descanso pleno, la realización del viaje. Sabe que así como Dios ha enjugado sus lágrimas en la tierra, también quitará toda tristeza en la perfección de los cielos.

El estado inmortal de los salvos

Las relaciones humanas son importantes para nosotros aquí en la tierra. Penas y alegrías de los demás nos afectan emocionalmente. Los lazos familiares son significativos y la separación es dolorosa. Todo esto es una parte necesaria de nuestro estado mortal.
Cuando Jesús regresa para el juicio, todos serán transformados. Los muertos resucitarán. El cuerpo mortal que es corrupto y sujeto a la muerte se convertirá en inmortalidad. “Y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad” (1 Corintios 15:52-53).

En este estado, las relaciones familiares ya no llevarán el mismo significado para nosotros. Jesús enseñó que no habrá relaciones matrimoniales en el cielo (Mateo 22:30). Las emociones de esta vida palidecen en comparación con la alegría que habrá en la presencia del Señor Dios. Nada manchará la relación entre los salvos y el Cordero de Dios.
Los santos han de mirar continuamente cosas que los ojos mortales jamás han visto; oirán cosas que oídos mortales nunca han oído hablar; y sabrán lo que el corazón nunca ha pensado.

Jesús y los suyos serán glorificados

Vendrá un día cuando el Señor Jesús aparecerá a todos los habitantes de la tierra. Todos comparecerán ante Él para ser juzgados (Mateo 25:31-34). Sus verdaderos seguidores, a pesar de que eran despreciados y rechazados durante su vida en la tierra, serán llevados a la gloria (el cielo). Allí podrán alabar y glorificar a Dios sin fin. La mortalidad dará paso a la inmortalidad. “Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria” (1 Corintios 15:54). Vea también 2 Corintios 5:1.

En esta vida los santos han tenido muchas pruebas, tentaciones y dificultades. Por gracia los que han creído en el Libertador y perseverado hasta el fin serán llevados al cielo. Personas de todas las naciones, lenguas y edades que han guardado la fe estarán allí. Esta gran e innumerable multitud, perdonada del pecado y santificada por la sangre de Jesucristo, habitará en el cielo (Apocalipsis 7:9-14).

Estas almas que han sido redimidos en esta vida serán glorificadas en el cielo. ¡Qué maravilloso será experimentar las bodas del Cordero de Dios y su Iglesia! Esta será gloria incomparable (Apocalipsis 19:7-9).

El cielo; sobrepasa el entendimiento humano

“Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido” (1 Corintios 13:12).

No se puede entender ni describir completamente la gloria y esplendor del cielo. Nuestra mente entiende lo que se puede ver y sentir. Si bien entendemos que el cielo es la morada del alma con Dios, Él ha elegido no revelar todos los aspectos de ese hogar eterno.
A Esteban, el primer mártir cristiano, fue dado un vislumbre del cielo. Mientras lo apedreaban por su fe, fijó “los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios” (Hechos 7:55).

A pesar de que mucho sobre el cielo no se puede explicar, sabemos lo suficiente que, igual a las personas fieles a través de los siglos, deseamos vivir eternamente en la ciudad que Dios ha hecho. Hebreos 11:10 nos dice que Abraham por fe “esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios”. Lea también Hebreos 11:13-16.

¿Estaremos en la gloria?

¿Dónde vamos a ir cuando la vida se termina? ¿Iremos al cielo? El Espíritu de Dios llama suavemente y nos acuerda que debemos prepararnos para nuestro futuro eterno.

Necesitamos reconocer nuestra necesidad de Dios. Debido a la caída del hombre en el principio, él ha perdido el favor de Dios. Arrepentirnos de nuestros pecados y buscar el perdón por la sangre de Jesucristo restaura esta relación. Entonces Dios nos acepta como justos y nos perdona. Así nos convertimos en hijos de Dios por medio del poder de la Palabra y el Espíritu (Juan 3:5, 1:12). La paz que experimentamos es un anticipo de la plenitud de descanso que será nuestra en esa morada eterna. Cada alma puede tener una evidencia clara en su corazón que una mansión le ha sido preparada en el cielo (Juan 14:2-3).

El hermoso plan de salvación

La Luz del Mundo

La Biblia es la palabra de Dios, la verdad eterna. Contiene el relato de la creación, de la desobediencia del hombre hacia Dios y la agonía que cayó sobre la humanidad a causa del pecado. También nos cuenta del amor de Dios hacia el hombre y del plan para redimirlo. Nos habla de un Salvador quien nació, murió por los pecados del hombre y fue resucitado de la muerte para su salvación. Él que cree su mensaje tendrá perdón de pecados, tranquilidad de mente, amor para todo el mundo, poder sobre el pecado y una esperanza viva de vida eterna.

La Hermosa Creación de Dios

Dios, el creador del universo, siempre ha sido. Está por dondequiera, sabe todo y es todo poderoso. Por su gran poder todas las cosas fueron creadas. Dios creó este mundo cubierto de agua, y luego dijo: “Que aparezca la tierra seca” y así fue. Él creó las lomas y los valles y los cubrió de pasto, flores hermosas y toda clase de arboles. Creó los pájaros que cantan tantos cantos diferentes. Dios creó todos los animales, grandes y pequeños, que recorren los campos y los bosques, así como los insectos pequeños y reptiles que viven sobre la tierra. Creó los mares y lagos y todas las criaturas que los habitan. Formó los continentes en donde viviera gente de toda raza. Dios hizo el sol para que diera luz y calor y la luna para que diera luz en la noche. Engalanó el cielo con miles de hermosas y centelleantes estrellas. Por último Dios creó al hombre del polvo de la tierra. Sopló en su nariz aliento de vida y el hombre llegó a ser un alma viviente. Dios le llamó Adán.

Dios vio que Adán necesitaba ayuda e hizo caer sobre él un sueño profundo. Entonces tomó de Adán una costilla y de ella formó una mujer. Adán le amó a Eva y ella también le amó a él. Ellos gozaban de una dulce comunión. Esto era el plan de Dios para la unidad familiar.

Dios creó todo en seis días, y en el séptimo descansó. Dios contempló todo lo que había hecho y vio que era bueno. Entonces Dios bendijo el séptimo día y lo santificó como día de descanso para el hombre.

La Biblia nos habla de un ángel caído llamado Satanás, o el diablo. Él fue echado del cielo a la tierra y es el origen de todo mal. La tristeza, el sufrimiento, las enfermedades y la muerte vinieron a este mundo por causa de él.

El Trágico Principio del Pecado

Dios amaba a Adán y a Eva. Les hizo un hermoso jardín donde ellos pudieran vivir. Se llamaba el Jardín de Edén. Era para Adán cuidar el jardín. En este jardín había muchas clases de vegetales y frutas que ellos podían comer. Había un árbol llamado el árbol de la ciencia del bien y del mal. Dios le dijo a Adán que no comiera del fruto de ese árbol, porque el día que comiere de él, de seguro moriría. Un día Satanás se acercó a Eva y le dijo una mentira. Le dijo: “no moriréis... seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3:4-5).

Al contemplar el fruto de este árbol hermoso, Eva vio que sería bueno para comer, y que comer de él traería sabiduría. Ella tomó del fruto y también le dio a Adán, y los dos comieron. Inmediatamente se sintieron muy culpables en sus corazones. Jamás se habían sentido así. Comprendieron que habían hecho algo muy mal. Estaban avergonzados al pensar en su desobediencia. Sintieron temor en sus corazones cuando pensaron en encontrarse con Dios. Así que se escondieron entre los arboles del jardín.

En lo fresco del día, Dios llamó a Adán y le dijo: “¿Dónde estás tú?” No podían esconderse de Dios, así que vinieron a la presencia de Dios y reconocieron su mal. Dios les hizo entender cuán grande pecado era desobedecer su mandato. Él les dijo que tenían que ser castigados por su desobediencia. De allí en adelante tendrían que sufrir dolor y dificultades en sus vidas. Tendrían que trabajar para sobrevivir. Sus cuerpos envejecerían y se gastarían. Morirían y volverían otra vez al polvo.

Después de ser echados del hermoso jardín, Dios puso querubines con una espada ardiente para impedir que comieran del árbol de la vida. Ellos empezaron a comprender las consecuencias del pecado y la gran tristeza que trae.

El Triste Resultado del Pecado

Adán y Eva se sentían muy apesadumbrados por su pecado de desobedecer a Dios. A pesar de su pecado Dios todavía los amaba. Les prometió enviar un Redentor para la salvación de la humanidad.

Caín y Abel fueron los primeros dos hijos que les nacieron a Adán y a Eva. Un día trajeron una ofrenda al Señor. Caín trajo comida que había producido. Abel trajo un cordero escogido de su rebaño y lo sacrificó, derramando su sangre. A Dios le agradó el sacrificio de Abel, mas no se agradó de Caín ni de su ofrenda.

Cuando Caín supo que Dios se agradó de Abel, le entró en su corazón envidia y odio hacia Abel. Después, estando juntos un día en el campo, Caín se levantó y mató a su hermano Abel. Dios le preguntó a Caín: “¿Dónde está Abel tu hermano?” Él no quería decir la verdad y dijo: “No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?(Génesis 4:9). Caín no había obedecido las instrucciones de Dios. Antes de matar a Abel, Dios le había advertido que si hiciera el bien sería aceptado. ¡Si tan solo Caín hubiera corregido su actitud y hubiera amado a su hermano! Una vez más el pecado separó al hombre de la presencia de Dios. Caín llegó a ser un fugitivo y vagabundo.

Dios Amó Tanto Al Mundo Que Dio A Su Hijo

“Que os ha nacido hoy ...un Salvador, que es Cristo el Señor” (Lucas 2:11).

Después que Abel murió y Caín se fue del hogar Adán y Eva tuvieron otro hijo. Le llamaron Set. Él temía a Dios. Dios bendijo a la descendencia de Set. Ellos oyeron y creyeron las promesas maravillosas de Dios, de un Salvador que un día les libraría. Abraham, especialmente, creyó a Dios; por lo cual fue llamado amigo de Dios. A él se le dijo que por medio de su descendencia, todas las familias de la tierra serían bendecidas.

Muchos años después Dios cumplió su promesa de enviar un Salvador a este mundo. Esto sucedió de un modo sobrenatural en el pequeño pueblo de Belén en Judea. Allí en un establo le nació un bebe a María, siendo virgen (Lucas 2:1-7). Un ángel le dijo a María que el niño se llamaría Jesús (significa Salvador). Él sería un gran maestro quien enseñaría a la gente muchas cosas acerca de Dios. Jesús creció igual como crecen otros niños. A la edad de doce años entendía más de la Palabra de Dios que muchos doctores y abogados de Jerusalén. Parecía saber todo acerca de la ley y de los profetas; nadie podía preguntarle algo que Él no supiera.

Jesús se interesaba grandemente en las necesidades de su propia gente. Cuando tenía treinta años, empezó a enseñar en las sinagogas. Un día leyó una profecía del Antiguo Testamento acerca del Mesías que había de venir. Cuando terminó de leer, dijo a la gente: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros” (Lucas 4:21). Él enseñaba a la gente con autoridad. Dijo que el reino de Dios estaba cerca, y que el arrepentimiento era necesario para poder entrar al reino. Les enseñaba adorar a Dios con humildad y sinceridad. Reprendió a los incrédulos y soberbios por sus pecados. Predicó el evangelio de amor a los pobres y necesitados.

Jesús Ofrece Vida Eterna

Le dijo Jesús: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mi, aunque esté muerto, vivirá” (Juan 11:25).

Jesús hizo muchos milagros, mostrando a la gente que Él era el Salvador que Dios había prometido. Sanó a los enfermos, dio vista a los ciegos, sanó a los sordos, echó fuera demonios y resucitó a los muertos. Él caminó sobre el agua y calmó la tempestad por su palabra. Habló a una higuera y al día siguiente se encontró secada desde la raíz. Alimentó más de cinco mil personas hambrientas con cinco panes y dos pececillos. Cuando todos quedaban satisfechos sobraron doce canastas de comida. Cuando los pescadores echaron sus redes a su mandato, sacaron una gran cantidad de pescados. Un día Jesús se encontró con diez leprosos que habían oído de su fama. Ellos clamaron: “Maestro, ten misericordia de nosotros”. Por su palabra fueron sanados.

Grandes multitudes siguieron a Jesús cada día, sea andando en los pueblos o por los caminos. Eran bendecidas por sus palabras inspiradas, su compasión, su amabilidad y por los milagros que hacía.

Jesús comenzó a decirle a la gente que Él era el hijo de Dios y que Dios era su padre. Todos los que creyeron sus palabras eran bendecidos. Dijo a los que creyeron que eran hijos de Dios.

Jesús dijo a sus discípulos: “Voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:2,3). Este lugar en el cielo es para todos los cristianos verdaderos.

“Venid, benditos de mi padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo” (Mateo 25:34b).

Jesús Murió Por Nuestros Pecados

“Y cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí” (Lucas 23:33).

Los escribas y fariseos estaban muy disgustados con Jesús y sus enseñanzas. Con frecuencia les había reprochado porque buscaban honor y por sus modos ilícitos de ganar dinero. Ellos le tenían celos y envidia porque mucha gente creía en Él, le seguía y le alababa. Tenían miedo que la gente hiciera a Jesús su rey.

A veces tentaron a Jesús a decir o hacer cosas que causara que la gente perdiera la fe en Él, pero era más sabio que ellos. Mientras la fama de Jesús aumentaba, el odio y coraje de los escribas y fariseos crecía. Llegó a ser tan grande que hicieron planes para matarlo.

Jesús fue llevado a la corte y le acusaron de ser malhechor y blasfemador. Levantaron falsos testimonios contra Él. Después, le llevaron ante Poncio Pilato, gobernador romano de Judea. Pilato no pudo encontrar falta en Él y le iba a dejar libre, pero los acusadores de Jesús se juntaron en una muchedumbre enfurecida y empezaron a gritar: “¡Crucifícale! ¡Crucifícale!” Cuando Pilato oyó sus gritos furiosos y sus amenazas, cedió a sus demandas y se le entregó. Tomaron a Jesús y le pusieron una corona de espinas en su cabeza. Burlándose de Él, le llamaron rey. Le escupieron en la cara y le golpearon cruelmente. Al fin le clavaron en la cruz donde le dejaron hasta que muriera.

Jesús, el inocente, fue muerto de igual manera como el cordero que Abel ofreció en el altar cientos de años antes. Abel ofreció su cordero como un símbolo del cordero de Dios que iba a morir por los pecados del mundo. Profetas de antaño habían profetizado de los sufrimientos de Jesús y su muerte. Juan el Bautista dijo: “He aquí el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Jesús Resucitó De Los Muertos Para Darnos La Libertad

“No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor” (Mateo 28:6).

Al tercer día después de la muerte y sepultura del Señor Jesús, que fue el primer día de la semana, algunas mujeres fueron a la tumba para ungir su cuerpo. Siendo muy temprano por la mañana, se sorprendieron al encontrar la tumba vacía. El cuerpo de Jesús no estaba allí. Se angustiaron de corazón. Al instante dos ángeles con vestiduras brillantes estaban parados junto a ellas. Les dijeron: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado” (Lucas 24:5,6). Ellas volvieron de prisa y dijeron a los discípulos lo que habían visto y oído. Los discípulos no podían creer lo que ellas les dijeron, así que Pedro y Juan fueron corriendo a investigar. Ellos también encontraron la tumba vacía, y al entrar encontraron los lienzos y el sudario, enrollado aparte, que había estado sobre la cabeza de Jesús. Cuando vieron todo esto, creyeron lo que las mujeres les habían contado. En la tarde del mismo día los discípulos estaban todos reunidos con las puertas cerradas por miedo de los Judíos. De repente Jesús se paró en medio de ellos y les dijo: “Paz a vosotros”. Les mostró sus manos y su costado herido. Cuando miraron al Señor se alegraron y creyeron que era el mismo Jesús que fue crucificado y había resucitado de los muertos. Después Jesús se mostró a mucha gente como prueba de su resurrección.

Esa mañana cuando Jesús se levantó de los muertos es todavía el día más glorioso de toda la historia. En ese día, el hermoso plan de Dios de salvación fue cumplido. Por la gracia de Dios este plan de salvación cambia los corazones y vidas de los hombres mediante la fe en la muerte y resurrección de Jesús. "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas" (2 Corintios 5:17). Ahora todos los que reciban a Jesús en su corazón y le sigan obedientemente toda su vida resucitarán y vivirán para siempre en el cielo. Jesús dijo: "Porque yo vivo, vosotros también viviréis" (Juan 14:19).

¿Habla este mensaje a tu corazón? ¿Cuál es tu respuesta? ¿Te arrepentirás y creerás el evangelio? “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12). No te tardes. Ven a Jesús ahora mismo. 

La mejor historia para saber

En un tiempo no había nada en este mundo.

Ningunos pescados.

Ningunas estrellas en el cielo.

Ningún mar, ni bellas fl ores.

Todo era vacío y obscuro.

Pero había Dios.

Dios tuvo un plan maravilloso. Él pensó en un hermoso mundo, y mientras pensaba, lo formó. Todo lo hizo de nada. Cuando Dios quería hacer algo, solo decía, “Sea hecho”, y ¡he ahí estaba!

Él hizo la luz. Él hizo los ríos y los mares; la tierra cubierta de pasto, los animales, los pájaros y los árboles.

Al último hizo al hombre, y luego hizo una mujer para el hombre. Aun les puso nombres, Adán y Eva.

Dios los amaba mucho. Cada noche los visitaba en el hermoso huerto donde vivían. Todo el huerto era de ellos para gozarlo, menos un solo árbol, que era el árbol prohibido de Dios.

Adán y Eva eran felices, hasta que un día Satanás, el enemigo de Dios, los tentó. Luego decidieron probar el fruto del árbol prohibido de Dios. Entonces pecaron. Por primera vez se avergonzaban y se sentían tristes.

Ya no podían volver a hablar con Dios. Luego tendrían dolor y molestia. Y tendrían que morir. ¡Cuán tristes se sentían!

Entonces Dios prometió ayudarles. Él les dijo, “Cuando se llega el tiempo apropiado, enviaré a mi Hijo Jesús al mundo. Él bajará de nuestro hogar en el cielo. Jesús quitará vuestro pecado. Para lograr esto, sufrirá y morirá por la humanidad”. ¡Qué felices se sentían que Dios enviaría a un Salvador!

Adán y Eva tenían hijos y nietos. Con el tiempo vivía mucha gente en el mundo.

Dios quería que todos fueran felices. Él les dijo lo que debían de hacer. He aquí una lista de reglas que Dios les dió:

1. No tendrás dioses ajenos delante de mí.
2. No te harás imagen.
3. No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano.
4. Acuérdate del día de reposo para santifi carlo.
5. Honra a tu padre y a tu madre.
6. No matarás.
7. No cometerás adulterio.
8. No hurtarás.
9. No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.
10. No codiciarás. (Éxodo 20:3-17)

Estas reglas son escritas en la Biblia para que nosotros tambíen podamos leerlas. Si las obedecemos, seremos felices.

Satanás no quiere que las obedezcamos. A veces nos dice que podemos robar algo cuando nadie nos está mirando. Pero Dios lo sabe. Dios todo ve.

A veces Satanás nos tienta a hablar una mentira, y nos hace pensar que nadie se dará cuenta. Dios lo sabe. Él oye todo.

Cuando hacemos estas cosas, nos sentimos mal en el corazón. Dios nos ama y quiere ayudarnos a ser buenos. Esto es el motivo por qué Él dió a Jesús al mundo. Dios se acordó de Su promesa.

Después de muchos años, Jesús nacío como un niñito. Él creció y llegó a ser hombre.

Él hizo muchas cosas maravillosas. Sanó a los enfermos. Hizo ver a los ciegos. Bendijo a los niños.

Jesús nunca hizo una cosa mala. Hablaba a la gente acerca de Dios, y como obedecerle.

Después de un tiempo los enemigos de Jesús le clavaron en una cruz. Entonces murió.

Él sufrió y murió por los pecados de toda la gente, aun por los pecados de los que Le clavaron en la cruz.

Jesús fue sepultado. Pero luego sucedió una cosa maravillosa. Él no permaneció en el sepulcro. ¡Él resucitó de entre los muertos!

Después de unos días Dios volvió a recogerle al cielo en una nube. Mientras que Sus amigos Le miraron ascender al cielo, un ángel les dijo que Jesús volvería otra vez.

Jesús murió por nuestros pecados también. Él quiere que sintamos tristeza por nuestros pecados y que los confesemos. Él está presto para perdonarnos.

Podemos orar a Dios a todo tiempo. Él oye cada palabra y conoce todos nuestros pensamientos. Él nos hace sentir bien en nuestro corazón cuando nuestros pecados s on perdonados. Entonces deseamos hacer lo bueno. Y deseamos ser bondadosos.

Podemos escoger desobedecer a Dios, y seguir a Satanás. La Palabra de Dios dice que si le rechazamos en esta vida, nos echará en el infi erno. El infi erno es un lugar de fuego que arde para siempre.

Si amamos y obedecemos a Jesús, nos llevará al cielo cuando El vuelva. El cielo es el hermoso hogar de Dios, y de Su Hijo, Jesús. Es un hogar de amor y luz. ¡Allí, seremos felices para siempre!

CRISTO ME AMA
Cristo me ama, bien lo sé
Su palabra me hace ver,
Que los niños son de Aquel,
Quien es nuestro amigo fi el.

CORO
Cristo me ama,
Cristo me ama,
Cristo me ama,
La Biblia dice así.

Cristo me ama, pues murió,
Y el cielo me abrió;
Él mis culpas quitará,
Y la entrada me dará.

Cristo me ama, es verdad,
Y me cuida en su bondad,
Cuando muera, si soy fi el,
Viviré allá con Él.

La paz en un mundo perturbado

“Paz, ¿dónde se encuentra la paz; para las naciones, los hogares y sobre todo, para el corazón y la mente?” Este clamor agonizante ha resonado por todas las edades, pero en el mundo de hoy, sobrecogido de terror y atormentado, se oye más fuerte. ¿Es el clamor de tu corazón, también? En medio del desencanto y la perturbación predominante ¿deseas tú una quietud interior que sobrepasa todo?

Un sinfín de logros con el fin de mejorar el mundo y hacerlo un lugar más seguro, sólo han hecho que la vida sea más compleja y complicada. Aunque en muchas maneras las personas pasan la vida más fácil que sus padres, están más intranquilos. La gente está cansada y preocupada. Sin duda, hay una necesidad de dirección y consejo, de seguridad y confianza. Necesitamos y queremos tranquilidad de la mente.

Una mente en paz, ¡qué tesoro! En realidad, ¿se puede encontrar este tesoro en un mundo de tanto conflicto y desesperación, de tanta confusión y dificultad?

¡La gran búsqueda ha comenzado! Multitudes buscan la paz por medio de la fama y la fortuna. La buscan en el placer y el poder, por medio de la educación y el conocimiento, en las relaciones humanas y en el matrimonio. Desean llenar sus mentes con el conocimiento y sus bolsillos con la riqueza, pero sus almas permanecen vacías. Otros están tratando de escapar de la realidad de la vida con las drogas o el alcohol, pero no encuentran la paz que buscan. Toda su búsqueda sólo les lleva en una carrera de frustración y vanidad. Todavía se encuentran vacíos y solitarios, siempre en un mundo atribulado y con la mente intranquila.

Muchos están buscando entre las cosas terrenales, pero no miran a lo interior. Tienen miedo de lo que pudieran descubrir. Quisieran culpar al mundo turbado por la intranquilidad de su mente, pero el remedio debe comenzar dentro del corazón.

La humanidad en confusión

Dios creó al hombre y lo puso en un jardín hermoso para que disfrutara de la perfecta paz, gozo y felicidad. Cuando Adán y Eva le desobedecieron a Dios, de inmediato sintieron la culpa. Antes, ellos anhelaban estar en la presencia de Dios, ahora se escondieron de vergüenza. La condenación y el temor tomaron el lugar de la paz y la dicha que antes conocían. Este fue el comienzo de un mundo perturbado y una mente intranquila.

Al igual que Adán y Eva, si tú no estás en armonía con Dios, temores y ansiedades llenarán tu vida. Cuando te concentras en las incertidumbres de la vida y en la decadencia del mundo cambiante, tu confianza y seguridad se tambalean y se te acaba la tranquilidad.

El pecado ha hecho separación entre el hombre y Dios. “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas” (Isaías 53:6). “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). La culpa, temor, irritación, resentimiento, egoísmo y otros impulsos hostiles afligen al hombre por dondequiera que ande. Acarrean cansancio y agotamiento mental.

El amor de sí mismo fue la causa de la primera desobediencia del hombre. Todavía es una inclinación básica de la maldad que te lleva por la senda de la desesperación y angustia. Cuando te vuelves egoísta en tus deseos y ambiciones, te sientes ansioso e intranquilo. Entre más que viajas por el camino del egocentrismo, más intranquilo te sientes.

El vivir para Dios trae paz

En lugar de verte como el mero centro de la existencia, necesitas dirigirte a Dios y hacer que Él sea el propósito central de tu vida. Si Dios no es el centro de tu vida, caerás preso a las preocupaciones triviales, la autocompasión, el temor y la ansiedad. Cuando Dios es el centro, cada aspecto de tu vida depende de Él, tal como los rayos de una rueda dependen del cubo, y tu vida será completa y digna de vivir. Sólo un corazón rendido a Dios puede sentir la seguridad y la paz.

El salmista declara: “Pronto está mi corazón, oh Dios, mi corazón está dispuesto; Cantaré, y trovaré salmos” (Salmo 57:7). Con toda su confianza en Dios, el salmista pudo regocijarse en tranquilidad de la mente. Con nuestro corazón puesto en Dios, tenemos paz adentro en medio de las turbaciones que nos rodean. Es posible estar “atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados” (2 Corintios 4:8).

Jesucristo, el Autor de la paz

Jesús invita a todos los hombres a experimentar una transformación de vida sin par. Jesús dijo a sus discípulos: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Mateo 16:24). “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17). ¿Aceptarás la invitación de Él? “Ven a mi”. Jesús ofrece luz en lugar de tinieblas, confianza en lugar de dudas, paz en lugar de contiendas, gozo en lugar de tristeza, descanso en lugar de cansancio, esperanza en lugar de desesperación y vida en lugar de muerte.

Dios hizo al hombre con un alma viviente que anhela estar en comunión con su Creador. “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?” (Salmo 42:1-2). Sólo el Dios vivo satisfará el alma. De esto puedes estar seguro; nunca tendrás paz, hasta que tengas paz con Dios.

Un campo de batalla en el corazón

Aunque nuestra alma anhela a Dios, la naturaleza pecaminosa está en contra de Él. Una parte de nosotros se inclina hacia Dios y una parte quiere los deseos de la carne. Nuestro corazón es un campo de conflicto continuo. Esta lucha interna produce una tensión y agobio excesivo. Sin Dios somos “como el mar en tempestad, que no puede estarse quieto, y sus aguas arrojan cieno y lodo” (Isaías 57:20).

No puede haber paz hasta que toda la vida (la mente, cuerpo y espíritu), sea coordinada por Él que nos creó y nos entiende. No sólo es el maestro del mundo, sino también conoce tu vida y la mía desde el principio hasta el fin. Estaba pensando en nosotros cuando vino al mundo “para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; Para encaminar nuestros pies por camino de paz” (Lucas 1:79).

Jesús, el Príncipe de Paz, te invita a venir a Él. “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). Cuando tú llegas a Él, hallarás alivio y paz en la libertad que Él da. Tendrás paz como un río (Isaías 48:18), una paz viva que es dulce y fuerte, una paz que sobrepasa todo entendimiento (Filipenses 4:7). ¿Irás a Jesús, echando sobre Él tus cargas? Él dice: “La paz os dejo, mi paz os doy...No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (San Juan 14:27).

La fe y la confianza son los antídotos contra el temor y la ansiedad. Que descanso es confiar en el único Dios que es desde el siglo y hasta el siglo; un amigo que nunca cambia y cuyo amor no se acaba. Este amigo siempre piensa en nosotros y siempre nos cuida. Entonces, ¿por qué te preocupas? Aprende hacer como se lee en 1 Pedro 5:7, “echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros”. Hay paz cuando la batalla se termina. Por lo tanto, ¿por qué no rindes tu vida al Señor? Acuérdate, si confías, no te preocupas; si te preocupas, no estás confiando. “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado” (Isaías 26:3).

El resentimiento es un veneno que nos roba la paz mental. Lleva al desánimo y confusión desesperada. Es difícil perdonar al que te hace alguna injusticia, pero tienes que perdonar si quieres ser perdonado. “Mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas” (Mateo 6:15). Al nacer la fe en tu corazón, podrás rendirle al Señor tu voluntad. En lugar de resentimiento e irritación, tu corazón se llena de amor y misericordia y gozarás de una tranquilidad interna. Cuando Jesús reina en tu corazón, tendrás amor para con tus enemigos. Sólo por la sangre redentora de Cristo lograrás esto.

El arrepentimiento y la confesión de pecado llevan a la paz

Es posible que sientas alguna carga pesada sobre ti por los pecados pasados y sientas que no la puedes soportar. El Señor ofrece el remedio en Hechos 3:19. “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio”. 1 Juan 1:9 también dice: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. Como resultado, tendrás paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo (Romanos 5:1).

En el Salmo 23, David expresa su confianza en Dios. Él describe claramente la paz que experimentaba. Esta paz y comunión es para todos aquellos que tienen un compañerismo vital con el Pastor.

El Salmo 23

“Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días”.

¿Conoces tú a este pastor? ¿Crees y confías tú en Él? Isaías nos dice que este tierno y misericordioso pastor “apacentará su rebaño; en su brazo llevará los corderos” (Isaías 40:11). ¿Estás presto para ser sacado de la confusión a la serenidad de los brazos eternos de Dios? ¿Estás dispuesto para entregar a Él tus pecados pasados, las tentaciones presentes y tus temores acerca del futuro, y aún entregarte completamente a Él? El Señor te da la oportunidad de escoger. La decisión es tuya.

La paz duradera

Cuando te acercas a Cristo Jesús con todo tu corazón, tu búsqueda para la paz se habrá terminado. Él te dará una paz y una calma que sólo viene por medio de confiar en Él. Entonces podrás decir juntamente con el poeta:

Yo conozco una paz, donde no hay paz
Una calma, donde rugen vientos feroces
Un lugar secreto donde cara a cara
Con el Maestro puedo ir.
Ralph Spalding Cushman

¡Tú tendrás la paz mental en un mundo perturbado! Abre la puerta de tu corazón a Cristo ahora mismo y algún día Él abrirá la puerta de la gloria para ti. Allí la paz perfecta reinará y jamás terminará.

La solución para tus problemas

¿Tienes sentimientos de soledad, o te sientes culpable y temeroso en el fondo de tu corazón?

¿Te preguntas por la razón de tu vida? Muchas personas están buscando la respuesta para estos sentimientos. Puede ser que encuentres diversiones u otras actividades que te quiten esos sentimientos por un poco de tiempo, pero después vuelven, quizás con más fuerza que antes.

En el principio la creación de Dios era perfecta. El hombre no tenía problemas hasta que el diablo le tentó a desobedecer a Dios. Cayó en el pecado y perdió la perfección. Desde entonces toda la humanidad ha sido pecaminosa.

¿Puedes tú entender esta caída? Cuando eras niño, Dios no tomaba en cuenta tus pecados. Él te perdonaba por causa de Jesús. Mientras madurabas, esta condición iba cambiando y comenzabas a sentirte culpable. ¿Qué cambió? Dios permitía que sintieras la culpa de tus pecados. La sangre de Cristo ya no cubría tus pecados. Dios decía: “Tú eres responsable por lo que haces”. Si no has aceptado a Jesús como tu Salvador, todavía llevas una carga de culpa.

¿Qué puedes hacer para librarte de estos sentimientos de culpa? No puedes pagar por tus pecados con obras buenas, por muchas que sean. Ante los ojos de Dios todavía eres pecador. Dios no puede tolerar el pecado. El pecado separa entre nosotros y Dios. Vea Isaías 59:2.

Este es el hermoso y simple plan de Dios para ayudarte. Jesús, el perfecto Hijo de Dios sin pecado, vino para traer este plan. Él tomó nuestros pecados y murió en la cruz, y así pagó el precio que se requería. Por medio de la muerte y resurrección de Jesús, podemos tener la salvación hoy día. Jesús nos invita llegar a Él con la carga de nuestros pecados.

Dios desea ayudarte. Te perdonará cuando admites que eres un pecador y clamas a Él que te ayude. Todo el esfuerzo tuyo y las intenciones buenas no te pueden limpiar del pecado. Hay una sola manera por lo cual tú puedes ser limpiado del pecado. Es por medio de aplicar la sangre de Cristo a tu corazón.

Cuando has sido limpiado por la sangre de Cristo, te darás cuenta que no podías cambiar tu vida por tu propio poder. Has de creer que Dios tiene la sabiduría y el poder para guardar tu vida. Si llegas a Dios con todo tu corazón, dejando tu pecado atrás y siguiéndole en obediencia, Él hará lo mejor para ti. Esto es la fe; encomendar tu vida completamente a Dios. Una vez que has dado todo a Dios, la paz que recibes en tu corazón te servirá como evidencia que Él te ha perdonado.

El perdón que recibes de Dios te hará LIBRE; libre con la dulce confianza que ya eres un hijo de Dios, hecho perfecto por la sangre de Cristo Jesús. Un propósito nuevo brotará y podrás vencer los sentimientos de culpa y vacío.

Mateo 11:28 Venid a mi
Mateo 6:25-31 Dios cuida por ti
Juan 3:16 Dios te ama
Juan 14:15 Obedezca a Dios

Permanecer en la gracia de Dios

En el principio, después de que Dios había creado a Adán y Eva, se complacía en la comunión con ellos mientras andaban juntos en el huerto de Edén. Adán y Eva no sabían nada del pecado ni maldad porque eran inocentes y puros. Dios les dio un solo mandamiento a Adán y Eva. No debían comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. Desde el principio, Dios ha dado a la humanidad el poder de elegir, y nunca lo ha revocado.

Satanás, un poderoso ángel caído, engañó a Eva por tentarle a comer el fruto del árbol prohibido. Él le dijo que podía desobedecer a Dios sin ninguna consecuencia y que si comiera del fruto le daría sabiduría semejante a la de Dios. Entonces Eva escogió comer y ofreció el fruto a su esposo, y él hizo el mismo error terrible.

¡Qué elección tan fatal! Perdieron su inocencia. Quedaron culpables. Reconocieron con vergüenza su desnudez e intentaron cubrirse con delantales de hojas de higuera. Sintieron temor y se escondieron cuando oyeron la voz de Dios. Eso fue sólo el principio del problema. Dios les prohibió entrar al huerto de Edén y llegaron a ser sujetos al pecado y la muerte. Aún la tierra fue maldita por lo que habían hecho.

Se dieron cuenta que eran inclinados a la maldad. Su conocimiento del bien y del mal no les detuvo de hacer el mal. La muerte espiritual pasó a sus hijos y a toda su posteridad.
La influencia del mal nos rodea. En nuestro mundo hoy día existe cualquier maldad imaginable. Hay gente orgullosa y lujuriosa, buscando placer y poder. Toman muchas decisiones malas y sufren las consecuencias tristes. La elección de una persona muchas veces causa miseria a los en su derredor. ¡Qué terribles son los resultados del pecado!
Hay muchos hogares infelices a causa de decisiones malas. Los niños muchas veces sufren cuando familias se separan por el divorcio. Algunos se dan a las adicciones y malos hábitos. Niños inocentes se crían bajo esta influencia, aceptándolo como normal, y así se corrompe su mente infantil. ¿Cómo podemos romper este ciclo?

¡Hay esperanza! Dios en su misericordia vino a Adán y Eva y les reveló claramente el gran pecado que habían cometido, pero prometió un redentor que les librara.

Muchos años después nació Jesucristo. Él enseñó el camino de la verdad. Él vino para darnos la vida espiritual y quiere que la tengamos en abundancia (Juan 10: 10). Para recibir esta vida nueva tenemos que ser convertidos. Jesús dijo: "De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos" (Mateo 18:3).

Como a Adán y Eva, nuestros pecados también traen culpa y vergüenza. Jesús nos llama a arrepentirnos de nuestros pecados. Esto quiere decir que sentimos remordimiento por los pecados que hemos cometido y estamos dispuestos a renunciarlos. Si acudimos a Jesús, pidiéndole que nos perdone los pecados y creyendo que nos puede salvar, Él limpia nuestro corazón. Al someternos a su espíritu y andar en obediencia a su palabra, nos da gracia a diaria. Nos llena del Espíritu Santo, el cual nos da poder para vencer el pecado. "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios" (Efesios 2:8). "Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios" (Juan 1:12).

El creyente cristiano confía en la providencia y cuidado de Dios. Él escucha al Espíritu Santo, quien le consuela cuando hace el bien y le reprende cuando hace el mal. Aprende cada vez más a confiar en Dios para poder vencer la tentación. Cada victoria aumenta su fe. Encuentra que la victoria siempre está a su alcance cuando confía cada día en la gracia poderosa de Dios.

El creyente cristiano se da cuenta que el pecado le separa de Dios. Por lo tanto, ya no se relaciona con compañeros malos y evita actividades impías. Dios no le obliga hacer esto. Él escoge vivir separado de la maldad de este mundo.

El hijo de Dios está en paz porque la culpa de pecado le ha sido quitada. Confiando en el amor y perdón de Dios, lleva sus cuidos y cargas a Dios en oración. Esto hace que sea posible vivir sin apuros ni temores. Él anda diariamente con Jesús y así encuentra verdadera felicidad y satisfacción. Mientras no peque deliberadamente retiene su paz con Dios.

Un creyente verdadero de Cristo busca comunión con los que tienen la misma fe y confianza en Dios. Juntos se gozan de hablar de la vida cristiana. Comparten sus bendiciones y luchas para animarse el uno al otro. Las cargas se hacen más ligeras y hay nueva fuerza para vencer.

¿No te entregas a Jesús? La gracia de Dios es para todos los que se arrepienten y creen. Entrega tu pasado, tu presente y tu futuro a Él. Nada menos que un arrepentimiento profundo del corazón y fe en Cristo traerá la paz, gozo y gracia poderosa de Dios a tu vida. Dale hoy tu corazón.

Seguridad eterna

La seguridad para todos los cristianos se encuentra en Cristo. Él murió por nosotros, nos perdonó y prometió un hogar en el cielo para los fieles. Allá estaremos eternamente seguros en su presencia resplandeciente. Aun hoy en día los cristianos pueden tener una tranquila seguridad de salvación entre tanto que permanezcan fieles. Mientras viven, tienen la dirección del Espíritu Santo y cuando mueren, tienen la promesa de un hogar futuro en el cielo.

La redención disponible para todos

Dios creó la humanidad con el propósito de honrar y glorificarle. Sabiendo que el ser humano iba caer, Dios planeaba desde la creación redimirlo (Mateo 25:34). “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” (Juan 3:16-17). Esta redención es para toda la humanidad, como fue proclamado por Jesús en la gran invitación: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar” (Mateo 11:28).

¿Predestinación o escogimiento?

Algunos enseñan que Dios ha predeterminado todo lo que sucede. Según esta doctrina, algunas personas son predestinadas a la vida eterna y otras a la muerte eterna. Creen que su destino eterno no depende de su fe propia ni elecciones personales, sino de lo que Dios ha escogido por ellos. Algunos aun creen que una vez que el pecador ha nacido de nuevo, es imposible que Satanás le lleve a tal persona otra vez al pecado. También enseñan que el nacimiento nuevo comprueba que uno es predestinado al cielo y es incondicional y eternamente seguro.

La Biblia enseña que a Adán y Eva fue dado un mandamiento claro. Ellos escogieron desobedecerlo y por esto fueron castigados. Por toda la Escritura se enseña que el hombre es responsable escoger entre el bien y el mal, la vida y la muerte. Moisés exhortó a los hebreos: “Escoge, pues, la vida” (Deuteronomio 30:19). Josué dijo: “Escogeos hoy a quién sirváis” (Josué 24:15). Sin duda, Adán y Eva podrían haber escogido a obedecer; tú y yo también podemos escoger. Si escogemos la voluntad de Dios para nuestra vida, Él nos salva y nos bendice. Si escogemos la vía del pecado, seremos castigados (Romanos 6:23).
Dios quiere que todos sean salvos

Un principio esencial enseñado en la Palabra de Dios es esto: la voluntad de Dios es que todos los seres humanos sean salvos. “El cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4). “Sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9). Debemos concluir que los que se pierden no fueron seleccionados de antemano para el infierno, sino que escogieron no arrepentirse ni creer.

La salvación es condicional

El apóstol Pedro, después de dar una fórmula especial para crecimiento espiritual, invita a los creyentes a aceptar “preciosas y grandísimas promesas”, y añadir a sus vidas varias calidades cristianas. Luego dice a los creyentes: “Procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás” (2 Pedro 1:10) Esto indica que la salvación es condicional; depende de la fidelidad de uno. Jesús dice: “Así que, por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:20).

Entonces, ¿qué quería decir Jesús cuando dijo?: “Nadie las arrebatará (mis ovejas) de mi mano”. Vea Juan 10:27-29. Al examinar esta escritura, notamos dos requisitos si las ovejas quieren que el Padre les guarde. Ellos tienen que oír su voz y seguirle en obediencia. No se permite que ninguna persona o poder le arrebate de su custodia segura. Sin embargo, si una oveja, de su propia elección, se descuida en oír y obedecer al Pastor, pronto se extravía de su lado.

Un pecador que responde al llamamiento a la salvación y se salva, tiene que seguir a Cristo de allí en adelante. Jesús mandó a los discípulos enseñar a los creyentes bautizados “todas las cosas que os he mandado” (Mateo 28:20). Jesús quería que ellos siguieran en sus pisadas (1 Pedro 2:21) para permanecer salvos. Esta es una condición de nuestra salvación.

Apostarse es posible

En Mateo 18:15-17 Jesús enseña que un creyente que peca y resiste corrección perderá su salvación. Esta escritura da dirección a la iglesia como tratar con miembros desobedientes. Jesús da el mismo pensamiento en la parábola de la vid y los pámpanos. “El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden” (Juan 15:6). Aquí Jesús claramente describe a uno que fue un pámpano (creyente) en la vid pero no permanecía en su doctrina. ¡Pereció!

En 2 Pedro capítulo 2, el apóstol escribe de personas “que han dejado el camino recto, y se han extraviado” (verso 15). Es muy claro que habla de creyentes errados y del juicio de Dios sobre tales. “Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero. Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado” (vv. 20-21).

La enseñanza de la seguridad eterna sin condiciones no es compatible con la doctrina de la disciplina de la iglesia enseñada por Cristo y los apóstoles.

Hay fundamento por las advertencias bíblicas

Jesús muchas veces amonestaba a su discípulos que tuvieran cuidado: “Velad y orad, para que no entréis en tentación” (Marcos 14:38). Vea 1 Pedro 5:8, Mateo 24:24, Marcos 13:35-37, Lucas 18:1, Efesios 6:11, 1 Corintios 10:12. “Guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza” (2 Pedro 3:17). Pablo escribe de la necesidad de disciplinar su propia vida y dio esta razón: “No sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado” (1 Corintios 9:27).

Ejemplos en las Escrituras de apóstatas

Las Escrituras relatan ejemplos de personas que una vez eran creyentes cristianos pero se volvieron infieles.

Acerca de Judas Iscariote, Jesús dijo: “¿No os he escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo?” (Juan 6:70). Tal vez unos dirían que nunca estaba convertido. ¿Daría Jesús el apostolado a Judas si no estuviera salvo? ¿Le mandaría a predicar, sanar y echar fuera a los demonios? Esto no es razonable. Pedro dijo de Judas: “y era contado con nosotros, y tenía parte en este ministerio…de que cayó Judas por transgresión” (Hechos 1:17,25). ¿Podría haberse extraviado si no hubiera sido salvo?

El libro de Apocalipsis registra los mensajes del Señor a las siete iglesias de Asia y ruega a los que se encontraban faltando que se arrepintieran. Si no se arrepintieran, el Señor dijo que sus nombres serían borrados del libro de la vida. Por ejemplo, el líder de Efeso fue alabado por sus obras fieles, pero reprendido por haber dejado su primer amor. El mensaje continúa: “Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido” (Apocalipsis 2:5). El mensaje a cada una de las siete iglesias terminó con una promesa “al que venciere”. Las estratagemas de Satanás son tales que los creyentes continuamente tienen que mantenerse cuidadoso en caso de que caigan. Sólo por la gracia de Dios y su Espíritu por dentro podemos ser vencedores.

¿Quién es predestinado al cielo?

Mucho del capítulo 8 de Romanos se dedica al tópico de “La Vida en el Espíritu”. Es evidente que para ser salvo hay que andar conforme al Espíritu (v.1), ocuparse del Espíritu (v.6) y no vivir conforme a la carne (v. 13). Vivir tal vida santa es esencial para la salvación. Dios llama a todos a la salvación. Por lo tanto, nadie es predestinado a ser perdido. Por supuesto, Dios ve el futuro, pero eso no afecta en ninguna manera el libre albedrío del hombre ni la necesidad de escoger rectamente en esta vida. La presciencia de Dios es la base por lo que Pablo escribió en Efesios 1:4-12. Se revela otra hermosa verdad en estos versos. Para los que escogen a Dios y su camino, el Padre ha hecho plena preparación para el viaje al cielo. Él los acepta como los suyos (v.6), les da perdón de sus pecados (v.7), les da sabiduría y prudencia (v.8), les enseña su voluntad y propósito para la vida (v.9), promete unirlos (v.10) y les provee una herencia como hijos de su familia (v. 11). El Padre ha hecho cada preparación necesaria y en este sentido les ha “predestinado” a la gloria. Si un creyente no llega a esta meta, será por falta de él, y no por la del Padre.

Supongamos que un amigo amado de lejos nos invita a visitarlo. Sabiendo que no tenemos fondos para hacer el viaje, nos manda dinero suficiente para comenzarlo y también nos informa de unos bancos por nuestra ruta donde podemos conseguir más. Nos manda un mapa detallado en que nuestra ruta está marcada. Incluye muchas notas describiendo puntos de referencia, desvíos, zonas de construcción, lugares de peligro y también lugares de interés especial donde podemos entrar para refrescarnos.

Además, las instrucciones de nuestro amigo nos hablan de lugares donde podemos conseguir comida buena y alojamiento. Incluido con la invitación está este mensaje: “Aquí está mí número de teléfono. Si pierdes el camino o tienes problemas con tu automóvil, sólo que me hables y te mandaré ayuda. Por favor, llegas tan pronto que sea posible”.

Esto es un ejemplo de lo que Dios ha hecho y está haciendo por nosotros. Estamos muy seguros en cuanto seguimos su mapa y utilizamos los recursos que ha provisto. En verdad, no hay porque no llegar a la casa de nuestro Padre. Como en la ilustración, podemos escoger otros caminos, tomar desvíos o gastar los recursos, que Él ha dado, para seguir placeres o comprar otras cosas. De esta manera podemos escoger errar del camino. Dios nos ha preparado el camino al cielo, y los principios de la Biblia nos enseñan que la fe en Cristo y una vida de santidad es lo que lo hace posible. Dios ha hecho lo mejor. Ahora nosotros tenemos que poner nuestra parte. Él nos creó. Creó el cielo para nosotros. Desgraciadamente, Satanás está tratando de destruir el plan de Dios. Es nuestro deber resistir las fuerzas malignas, entregar nuestra vida a Él, poner atención a las advertencias de la Biblia y vivir una vida santa. Entonces, habiendo vencido al mundo, esperamos su segunda venida con confianza.

Tendrás que renacer

Jesus dice que las puertas de la gloria no estarán abiertas para nosotros Si no nacemos de nuevo. Por esto preguntamos: Amigo, Zhas nacido de nuevo? Miembro de la iglesia, ,has nacido de nuevo? Si no, entonces estás perdido porque Jesiis dice: "El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios" (Juan 3:3).

Tal vez preguntas: ",que es nacer de nuevo?" Hoy en dIa existen varias definiciones erróneas del nuevo nacimiento. No es un bautismo, porque algunos fueron bautizados, mas no habIan renacido (Hechos 8:18-25). No es unirse a la iglesia porque algunos han entrado, no por la puerta sino a escondidas (Gálatas 2:4). No es tomar parte en la santa cena, porque algunos comieron con los discIpulos, mas comieron indignamente y asI entraron en condenaciOn (1 Corintios 11:29). No es
decidir vivir una vida mejor por medio de nuestros propios esfuerzos, "porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán" (Lucas 13:24). No es hacer oración porque Jesus dice que: "Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de ml" (Mateo 15:8).

Alguien dirá, si yo hago todo lo bueno que me sea posible, visito a los enfermos, reparto mis bienes a los necesitados y me comporto lo mejor posible, con esto tengo para ser renacido y entrar en el reino (Mateo 25:41-45). No, no es posible ser lo que no somos porque, "los designios de la came son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco puede" (Romanos 8:7). Tenemos que tener un cambio en el corazón. Dios por medio del profeta dice: "Os dare corazón nuevo" (Ezequiel 36:26).

",Que pues, es ser renacido?" El nacimiento nuevo es un cambio del corazón; de una persona que servIa al si mismo auna persona que sirve a Dios. Esto lo realizamos cuando sentimos pesar por fluestros pecados y miramos con fe al Señor Jesucristo para que El nos perdone y salve. Cuando nace un nino es una vida nueva, una persona nueva en la came. De igual manera cuando uno nace de nuevo espiritualmente, empieza una vida nueva en Cristo. Por esto lo nombramos un na-cimiento; una vida nueva en Cristo. "El Señor no retarda su promesa, segün a!-gunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos pro-cedan al arrepentimiento" (2 Pedro 3:9).

",Cuando puedo experimentar este nacimiento nuevo?" Dice la Escritura que, "Si oyereis boy su voz" (Hebreos 3:7). Es decir, a la edad que tengas, donde estés y cuando sea que W escuches la invitación y aceptas; nacerás de nuevo por medio del Espiritu Santo.

",Cuánto tarda en contestarme? ?Aca-so no es una obra que crece poco a poquito y al fin nace?" No, en el momento que nos entregamos y El nos acepta, liegamos a ser hijos de Dios y coherederos con Cristo. "Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo" (Romanos 8:17).

",Cómo y cuándo recibo este don?" Dios escudrina el corazón y ye tu sinceridad. El viene a ti por medio del poder del Espiritu Santo y crea en ti un espIritu bueno (Salmo 51:10). Crea una criatura nueva en Cristo Jesus por medio de la fe en El (2 Corintios 5:17).

Al fin, ",COmo se que ya nacI de nuevo?" Pablo en Romanos 8:1-10 enseña: "Y si alguno no tiene el Espiritu de Cristo, no es de él". La Biblia enseña que los pecadores están muertos en pecado, condenados, Sin esperanza y viven con una consciencia manchada. Están inclinados a lo malo segün la came, sin esperanza, desobedientes y sin Dios en el mundo. Al contrario, un cristiano que ha renacido es un hijo de Dios, viviendo en Cristo, salvo, sin condenación, y con una consciencia limpia. Tiene la mente inclinada hacia las cosas espirituales, ilena de fe y el Espiritu Santo, y con la esperanza de vida eterna. Sus pecados le han sido perdonados por la sangre de Jesus. Su corazón está Reno del amor y la paz de Dios que sobrepasa todo. El ama, desea y tiene el poder para cumplir con su voluntad de Dios. El tiene la esperanza de una vida más allá de la tumba y la promesa de una vida en el cielo. ZAcaso experimentará tales cambios sin darse cuenta de ello? Imposible, porque, "El Espiritu mismo da testimonio a nuestro espIritu, de que somos hijos de Dios" (Romanos 8:16).

Si tu no gozas de esta experiencia de gozo y paz en tu alma, no demores. Estás arriesgando tu alma y burlándote de Dios. Tendrás que renacer.

Un amigo para ti

Tu Amigo Jesús

Yo tengo un amigo. Él es el mejor amigo qué jamás he tenido. Es tan amable y sincero. Quisiera que tú también lo conocieras. Se llama Jesús. Lo más maravilloso es que Él también quiere ser amigo tuyo.

Te voy a contar acerca de Él. Leemos esta historia en la Biblia. La Biblia es la verdad. Es la palabra de Dios.

Dios es Él que creó el mundo y todo lo que en el existe. Él es el Señor del cielo y de la tierra. Él da vida y aliento a todas las cosas.

Jesús es el hijo de Dios. Dios le mandó del cielo a la tierra para que fuera nuestro propio Salvador. Dios amó tanto al mundo (quiere decir que nos amó a ti y a mí) que mandó a su único hijo, (para morir por nuestros pecados) para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. (Juan 3:16)

Jesús vino a este mundo como un bebé pequeño. Su papá y su mamá en este mundo fueron José y María. Él nació en un establo y fue acostado en un pesebre.

Jesús creció con José y María y les fue obediente. Tenía hermanos y hermanas con quien jugar. Él le ayudaba a José en la carpintería.

Cuando Jesús llegó a ser hombre, le enseñaba a la gente acerca de su Padre en los cielos. Les enseñó que Dios les amaba. Sanaba a los enfermos y confortaba a los atribulados. Jesús era amigo de los niños. Le gustaba tenerlos cerca de Él. Siempre tenía tiempo para ellos. Los niños amaban a Jesús y les gustaba estar con Él.

Alguna gente no amaba a Jesús. Le tenían envidia, y aún le odiaban. Le odiaban tanto que querían matarlo. Un día terrible lo mataron, clavándolo en una cruz. Jesús no había hecho nada malo. Él tuvo que morir en nuestro lugar porque tú y yo sí hemos hecho mal.

La historia de Jesús no termina con su muerte. ¡Dios le resucitó de la muerte! Sus seguidores le vieron. Después Él volvió al cielo.

Hoy día Él te puede ver y escuchar. Sabe todo acerca de ti y se preocupa por ti. Sólo acércate a Él en oración. Cuéntale todo de tus problemas. Él está dispuesto a ayudarte. Puedes inclinar tu cabeza y conversar con Él cuando quieras, y dondequiera que estés.
¡Un día Él volverá! Llevará a todos los que creen en Él al hogar en el cielo.

Un hogar feliz

La Biblia nos da el plano para un hogar que es de hermoso diseño, con una estructura firme, y un ambiente agradable. El hogar puede ser un lugar de armonía y contentamiento, o un lugar de pleitos y contiendas. ¿Es tu hogar, feliz, fuerte y capaz de sobrevivir las tempestades de la vida?

El hogar es una importante unidad social. Ha sido ordenado divinamente para nuestro desarrollo espiritual, para nuestra felicidad emocional, y para nuestra satisfacción física. El plan de Dios siempre ha sido que las familias vivan en armonía, y que los miembros traigan felicidad unos a otros.

Porque Algunos Hogares Son Desdichados

¿Por qué hay tantos hogares desdichados? ¿Por qué son destruidos por la discordia, la separación y el divorcio? Es porque el plan de Dios ha sido desatendido. En su Palabra se encuentran los materiales necesarios para un hogar feliz. Los hogares formados de acuerdo a su Palabra son lugares donde hay amor, confianza, interés mutuo y servicio del uno al otro, sin egoísmo. Tales hogares traen felicidad a nuestras vidas y preservan nuestras comunidades y naciones. ¿Estás tú siguiendo el plan de Dios, el Maestro Arquitecto? "Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican" (Salmos 127:1).

En la juventud se establece el fundamento de nuestro hogar futuro. Una vida de pureza delante de Dios es un ingrediente en nuestra preparación para el matrimonio. Las impurezas prematrimoniales son pecados que minan la estabilidad moral y ponen en riesgo el hogar futuro. Si en nuestra juventud uno suele vivir para sí, sólo pensando en el bienestar y felicidad de sí mismo; después en el matrimonio esto le causará problemas y destrucción. El alto porcentaje de divorcios lo comprueba. Se necesita un arrepentimiento completo de este pecado antes de que pueda haber vida nueva en Cristo. Después de un arrepentimiento todo lo pecaminoso queda atrás y Dios llena el corazón de bendiciones.

El hogar comienza cuando un hombre y una mujer se unen en matrimonio. La Biblia dice que uno puede casarse con quien quiera, "con tal que sea en el Señor" (I Corintios 7:39). Esto quiere decir que ambos, el hombre y la mujer, han rendido su voluntad y sus vidas al Señor. Dios ha de tener el primer lugar en sus vidas. Cuando el hombre o la mujer, o los dos son egoístas, ¿dónde está la base para la felicidad mutua?

Casándose en el Señor

Casándose "en el Señor" no sólo quiere decir que el hombre y la mujer son cristianos, sino también el Señor los dirige uno al otro. La atracción física, las pasiones y la infatuación no son de valor para el buen fundamento del matrimonio. Cuando estas constituyen la base de la atracción del uno al otro, bien puede ser que les causen frustraciones y conflictos después en el matrimonio. Pero si confiamos en el Señor y dejamos que nos guíe al escoger pareja, Él, en su divina sabiduría provee el esposo o la esposa que necesitamos para hoy y para toda la vida. El Señor puede que escoja diferentes gustos y temperamentos el uno del otro, así se perfecciona uno con el otro y resultará en una unión balanceada. "Y los dos serán una sola carne" (Marcos 10:8).

El matrimonio debe ser una unión para toda la vida y no sólo un contrato legal. Jesús dio este mandamiento muy claro: "lo que Dios juntó, no lo separe el hombre" (Mateo 19:6).

Un Orden Piadoso

El hogar es una comunidad entre sí, y como en cualquier unidad social se necesita asignar áreas de responsabilidad. Dios nos ha dado los detalles de este orden en la Biblia. Es una estructura de autoridad, la cual, sí seguimos, traerá orden y felicidad a nuestro hogar. Al esposo se le requiere la mayor responsabilidad, porque es cabeza del hogar, luego la esposa, luego los niños, en este orden. (Lea también 1Corintios 11:3; Efesios 5:22-24). Cuando Dios establece y aprueba un fundamento, llega a ser sagrado. Cualquier desobediencia a este orden traerá su medida de tristeza. En cambio, Él bendice a los obedientes con santidad, felicidad y gracia.

Al casarse, el esposo y la esposa se juntan en una unión en la cual cada uno tiene responsabilidad y obligaciones. Se necesita los dos con sus distintas habilidades para que el hogar sea completo. Alguien tiene que ser la cabeza del hogar y Dios ha asignado al hombre esta posición. "Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador" (Efesios 5:23). Tal amor está sumergido en dar sin medida. Es un amor bondadoso que hace que el esposo trate a su esposa ‘como a su propio cuerpo’ (Efesios 5:28). Un esposo que ama a su esposa no la considera inferior a él. Al contrario, confía en ella, consultando con ella, y tratándola con amor, como a una verdadera compañera.

"Así mismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos" (1 Pedro 3:1). Cuando la esposa sigue la dirección de su esposo en el hogar así como él sigue en obediencia a Cristo, su hogar es un lugar de paz y contentamiento. Efesios 5:33 dice: "y la mujer respete a su marido". La rebelión contra este principio ha traído mucha tristeza a los hogares de hoy día. Eludir este principio no solo causa conflicto en la familia sino también trae conflicto espiritual al corazón de la esposa.

El Deber de Los Niños

Nos gusta pensar que nuestros niños son puros e inocentes. Sin embargo, todos nacen con una naturaleza pecaminosa. La naturaleza egoísta se hace más evidente al crecer el niño. Si los padres no lo disciplinan, ni corrigen sus tendencias, traerá mucha infelicidad a sí mismo y a otros.

El deber del niño es obedecer a sus padres. "Hijos, obedecer en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo" (Efesios 6:1).

Es eminente el ejemplo perfecto de esta obediencia en la vida de Jesús durante su niñez. "Y descendió con ellos, y volvió a Nazaret, y estaba sujeto a ellos" (Lucas 2:51). Cuando el principio de la sumisión se practica y llega a ser la norma en el hogar, padres y niños están más contentos y el hogar es un lugar agradable.

Cuando se mantiene el orden de Dios, los padres vivirán para los niños, los niños para los padres, y todos para Dios. Tales hogares adornarán nuestras comunidades y darán calidad a nuestras naciones.

Mucha de la juventud está envuelta en drogas, modas y diversiones del mundo. Está cautivada por una sociedad disoluta que está dejando los valores y buenas costumbres que en un tiempo daban un grado de integridad y estabilidad a nuestras comunidades. ¿Será por la falta de hogares felices y firmes, que hay tantos jóvenes desasosegados y descontentos? ¿Podrás hacer algo? ¿Se te ocurre a ti pensar que la estructura y felicidad de tu hogar depende de ti y de la lealtad de tu corazón a Dios?

Cristo el Fundamento

Si queremos formar un hogar firme y feliz, Jesucristo tiene que ser el fundamento. Lluvias y tempestades pueden golpearlo, pero con Cristo se mantendrá firme (Mateo 7:24-27). Él nos dará dirección, fuerza y animo para hacer nuestros hogares felices y prósperos en este mundo antipático y cruel. Jesús amaba los hogares, y ahora está listo para entrar y morar en nuestros hogares. Él dice: "He aquí, yo estoy a la puerta y llamo" (Apocalipsis 3:20). Primero, Él toca a la puerta de nuestro corazón y después a la puerta de nuestros hogares. ¿Le dejaremos entrar?

Un hogar feliz empieza en nuestro corazón. No podemos tener paz verdadera en nuestros hogares si no la tenemos en nuestro corazón. En nuestra vida diaria tendremos la victoria personal sobre las irritaciones y frustraciones del día cuando ponemos nuestra confianza en Dios. "Tu guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado" (Isaías 26:3).

Una familia piadosa ora unidamente, pidiendo a Dios por sus propios corazones, su hogar y las necesidades de su comunidad. La oración une la familia. Es cierto el dicho: "La familia que ora unida, permanece unida".

Cree y acepta el plan de Dios para tu vida y tu hogar. Abre la puerta de tu corazón a Cristo. "Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones" (Hebreos 3:7,8). El Señor está esperando bendecir tu corazón y tu hogar. Entrégate a Él de todo tu corazón y permanece fiel. Algún día Él te abrirá la puerta del hogar celestial para ti, donde la felicidad y la paz perfecta te darán la bienvenida para siempre.

¿Por qué tengo que sufrir?

Sufrimiento es parte de la vida. Muchas personas sufren por la enfermedad. Muchos en este mundo sufren hambre con frecuencia. La pobreza es común. Algunos sufren a manos de otra gente, sea en matrimonios difíciles, por padres abusivos o amos opresivos. Por causa de la avaricia y corrupción, la situación política en algunos países resulta en mucha guerra y muerte. Los con profundas convicciones espirituales sufren persecución a causa de la obediencia a sus creencias. Millones de gente en este mundo sufren diariamente. ¿Por qué? ¿Cuál es la razón?

El sufrimiento entró en este mundo en el principio por causa del pecado. Nos recuerda continuamente de la condición pecaminosa del hombre (Génesis 3:16-19; Romanos 5:12). Por la desobediencia del hombre, el dolor, tribulación y tristeza se hicieron parte cotidiana de su existencia. Siendo que hay pecado en este mundo, el sufrimiento es parte de la vida. No podemos esperar, en esta vida terrenal, ver la erradicación total de la enfermedad ni el fin del sufrimiento. Todos estamos sujetos a esto no importa la posición o nacionalidad.

Muchos sufren innecesariamente porque maltratan su cuerpo o no lo cuidan como deben. Si nos entregamos al tabaco, alcohol, las drogas o una vida descontrolada, exigimos demasiado de nuestro cuerpo. En consecuencia nuestro cuerpo, y tal vez la mente, pueden descomponerse bajo este estrés. Es pecado abusar de nuestro cuerpo (1 Corintios 3:16-17; 6:18-20).

Sin embargo, hay mucho sufrimiento que viene a la raza humana sobre el cual no tenemos control. Viene en forma espontánea tal a los ricos como a los pobres. Ninguno, por bueno que sea, puede tener garantía que será exento. Job, el gran ejemplo de sufrimiento, fue recomendado por Dios como un hombre perfecto y justo. Considere la miseria que sufrió, perdiendo su salud, riqueza y familia. Hasta su esposa le traicionó. Dios fue glorificado por medio del sufrimiento de Job, y Él querría ser glorificado por medio del suyo. Lea Job 1.

Si una persona está enferma, ciega, lisiada, sorda, deforme, estéril, etc., no es necesariamente porque él o sus padres pecaron. Una vez los discípulos preguntaron a Jesús, después de conocer a un ciego: “Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?” (Juan 9:2). Jesús respondió: “No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él” (versículo 3). Después, Jesús sanó al hombre. En algunos casos la mujer estéril sufre injustamente. Es menospreciada y rechazada por las supersticiones y estigmas culturales. Su condición no indica una maldición de Dios, y no debe desesperarse. En este caso, igual que en todas nuestras peticiones a Dios, siempre recordemos que Él sabe lo que es mejor para nosotros.

No es la intención de Dios castigarnos, sino prefiere refinarnos por medio de esta clase de sufrimiento. En realidad, podemos ganar riquezas espirituales por medio de tales experiencias. El sufrimiento saca a la luz lo que verdaderamente somos en lo íntimo del corazón y revela nuestro carácter. Muchos han encontrado que cuando aceptan dificultades y tribulaciones, su corazón ha sido ablandado. La humildad que esto produce nos hace reconocer nuestra dependencia de Dios y su propósito para nosotros. Entonces podemos entender que, por medio de sufrimiento y dificultades, Él piensa atraernos más a Él. Los hermanos de José le vendieron como esclavo. En lugar de amargarse, él permitió que Dios obrara en él. Desempeñó un gran papel en el plan de Dios. Después dijo a sus hermanos arrepentidos: "Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo" (Génesis 50:20). Él fue bendecido por ser sumiso.

El sufrimiento que experimentamos nos hace reflexionar en nosotros mismos. Puede ser que nos sentimos solos en los problemas y pensamos que nadie nos entiende. Las cargas que llevamos tal vez nos parecen más grandes que las que otros llevan. Es fácil darse a la autocompasión y la amargura, pero el ejemplo de José nos muestra como Dios puede bendecirnos al someternos a Él.

En vez de desesperarnos podemos dejar que nuestro sufrimiento glorifique a Dios. Ya conformados a nuestra situación podemos decir con humildad: “Señor, que se haga tu voluntad”. Entonces Dios nos puede hablar. Hay muchos ejemplos de los que han dado gracias a Dios por haberles hecho pasar por el valle de sufrimiento porque les ha causado a detenerse para reflexionar. Entonces reconocen que hay algo más importante en la vida que buscar sus propios deseos y placeres. Muchos testifican que han conocido al Señor por medio del sufrimiento. Entonces cuando tienen que enfrentar la muerte, pueden decir gozosamente con Pablo: “Sorbida es la muerte en victoria.… Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo" (1 Corintios 15:54, 56-57).

El sufrimiento será el destino eterno de todos los que rechazan a Jesús (Juan 12:48). Sin embargo, los que están dispuestos a sufrir por Jesús en esta vida gozarán de las bendiciones de la eternidad sin ningún sufrimiento (Apocalipsis 21:4). Por medio de humillarnos y aceptar el camino de Dios, y arrepentirnos de nuestros pecados, nuestra ropa será emblanquecida en la sangre del Cordero. Los que son redimidos de esta manera obtendrán el galardón celestial (Apocalipsis 7:13-14).

El sufrimiento nos enseña a ser más compasivos para con otros. Tal vez no visitamos ni oramos mucho por los afligidos hasta que hayamos experimentado personalmente el sufrimiento. "Para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios" (2 Corintios 1:4).

Jesús una vez vivió en esta tierra con un cuerpo semejante al nuestro y nos entiende a nosotros y nuestros sufrimientos. Puede compadecer de nosotros más que cualquier ser humano. Conoce nuestro dolor y nuestro corazón inquieto. Cuando Jesús observó el luto de sus amigos al morir Lázaro, fue conmovido al punto de gemir y llorar (Juan 11:33-35). Él se dio al sufrimiento para la salvación eterna de la humanidad. Si Él, siendo el hijo perfecto de Dios, aceptó esto, debemos estar dispuestos también a padecer aflicción. Los verdaderos seguidores de Dios están prestos a aceptar adversidad, siendo que Él es su ejemplo. Una visión de Jesús, su amor y sacrificio, les causa preguntarse: “¿Por qué seríamos nosotros exentos del sufrimiento?”

Aunque tengamos que sufrir extensamente, podemos descansar cuando aceptamos que Dios lo ha permitido. Dios tiene el plan maestro para nosotros, con cada prueba ha prometido custodiar por nosotros. Cuando el apóstol Pablo aceptó su dificultad o desventaja, llegó a ser una persona feliz y útil. El oró tres veces, pidiendo que Dios quitara el aguijón de su carne, pero Él contestó: "Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad " (2 Corintios 12:9). De igual manera, mientras nos sometemos completamente a Dios y aceptamos nuestro sufrimiento, el poder de Dios nos sostiene. Al aceptar el plan de Dios para nosotros en el sufrimiento, nace una expresión de agradecimiento que bendice nuestro corazón y testifica a los alrededor de nosotros.